27 de febrero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Una debilitada May corteja a los unionistas del Ulster para gobernar en minoría

Theresa May, este viernes tras el escrutinio electoral en Reino Unido.

Theresa May, este viernes tras el escrutinio electoral en Reino Unido.

Tras los primeros escarceos de Corbyn y de un propio sector de su partido, la primera ministra británica ha confirmado a la Reina que intentará formar gobierno.

La primera ministra británica, Theresa May, ratificó este viernes su intención de apoyarse en los unionistas de Irlanda del Norte para "formar un gobierno capaz de facilitar certidumbre" tras la pérdida de la mayoría absoluta sufrida por los conservadores en las generales y ha ratificado su intención de iniciar "las cruciales conversaciones" del Brexit "en diez días", el plazo que la Unión Europea tenía previsto.

En una declaración institucional en Downing Street tras haber comunicado a la Reina Isabel II en el Palacio de Buckingham su intención de continuar en el Número 10 pese al varapalo electoral, May expresó su "confianza" en que los 'tories' y sus "amigos y aliados" del Partido Unionista Democrático pueden "trabajar juntos" y se mostró convencida de las posibilidades de "cumplir con la promesa del Brexit", incluso ante la extrema vulnerabilidad derivada de su falta de hegemonía en Westminster.

En su intervención sin preguntas tras una audiencia de apenas 20 minutos con la soberana británica, una 'premier' que ha sufrido uno de los reveses más memorables de la historia política reciente enfatizó que "lo que el país necesita más que nunca es certidumbre" y se ha reivindicado como quien tiene la capacidad de "guiar a este país en un tiempo crítico".

Su proceder, según ha explicado, se basa en que su formación ha logrado "el mayor número de votos y de escaños", lo que, en su opinión, deja "claro que solo los conservadores y el DUP tienen la legitimidad para facilitar esa certidumbre con una mayoría en la Cámara de los Comunes".

Por ello, quiso asumir la responsabilidad de "formar un gobierno que guíe al país en las cruciales conversaciones del Brexit que comenzarán en diez días", es decir, a tiempo para las expectativas de una Unión Europea que esta jornada se ha mostrado inquieta ante el retraso que el veredicto de las urnas podría provocar.

Ante las dificultades de gobernar en minoría, ha dicho tener la "confianza" de que la "fuerte relación mantenida durante años" por conservadores y DUP les permitirá "trabajar unidos en el interés del conjunto todo Reino Unido".

"Mi Gobierno pondrá la justicia y la oportunidad en el corazón de todo lo que hagamos", garantizó, para referirse específicamente al "cumplimiento de la promesa del Brexit y, en los próximos cinco años, construir un país en el que nadie, ninguna comunidad, se quede atrás".

Además de defender una especial atención a la seguridad, especialmente tras los dos atentados terroristas acaecidos durante la campaña, May ha dedicado un énfasis especial a la salida de la UE y ha avanzado que su gobierno "canalizará sus energías hacía un acuerdo que funcione para todos, asegurando una nueva relación con la UE que garantice nuestra prosperidad a largo plazo".

"Esto es lo que la gente votó y esto es lo que vamos a cumplir", ha proclamado, antes de concluir con una apelación a zanjar la votación y centrase en la nueva era: "Ahora pongámonos a trabajar", una resolución para la que dependerá crucialmente de los unionistas norirlandeses si quiere garantizar la gobernabilidad.

Pese a la presión interna de una mandataria que ha fracasado en su apuesta por el adelanto electoral, May ha decidido maximizar sus 318 diputados obtenidos, a ocho escaños de la hegemonía, y sumar mediante una fórmula por concretar los diez de los unionistas del Ulster para alcanzar la barrera de los 326 escaños que suponen la mayoría absoluta en Westminster.

No en vano, el DUP, que ha ganado dos escaños en estas elecciones, por los 13 perdidos por los 'tories', son una de las pocas formaciones que en el referéndum de la Unión Europea apelaron a la salida, lo que debería facilitar su apoyo para las inminentes negociaciones que Reino Unido está a punto de comenzar, tras la activación oficial del proceso el pasado 29 de marzo.

Además, su ideología es conservadora, lo que los pondría en un marco político similar a los de Theresa May, si bien se espera que uno de los puntos de fricción se refiera a la frontera con la República de Irlanda. El DUP no quiere regresar a las fórmulas duras del pasado, pero tampoco desea facilitar ninguna solución que favorezca una futura separación de Reino Unido.

May, por su parte, se ha arrogado a la convención constitucional que autoriza al partido que defiende su permanencia a intentar aprobar en el Parlamento el denominado Discurso de la Reina, es decir, el paquete de medidas legislativas preparado por el ejecutivo de turno, un baremo fundamental para demostrar su capacidad de aprobar leyes en el Parlamento y, por tanto, de garantizar la gobernabilidad.

El calendario de la Cámara de los Comunes lo tiene fijado para el 19 de junio y, a priori, están establecidos seis días de debate en la misma semana en la que la Unión Europea tenía previsto comenzar formalmente las conversaciones para el divorcio británico, una de las grandes incógnitas de la campaña, convertida ahora en enigma dada la incertidumbre en torno a la capacidad del gobierno de sacar adelante el proceso.

La extrema debilidad de Theresa May no ayuda. Tras haber negado durante meses la posibilidad del adelanto electoral en nombre de la estabilidad y de la prioridad que el Gobierno debía dar al Brexit, su ventaja en las encuestas y la aparente debilidad de su rival laborista la hicieron caer en una tentación que ya había hecho resbalar a su antecesor con el referéndum que provocó su caída política.

Su arriesgada apuesta por una convocatoria que, como el plebiscito comunitario, no era un clamor entre la ciudadanía, sino una apuesta en clave interna, dejó su continuidad letalmente expuesta al veredicto de las urnas, ya que cualquier resultado que no implicase una notable ampliación de la hegemonía parlamentaria de 17 que defendía supondría una derrota.

 

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