19 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El recado de Susana Díaz a la cara de Ábalos: “Aquí estoy, aunque te pese”

Lo único que faltaba a los socialistas ante la hecatombe electoral en Andalucía era enredarse en una guerra interna. La aún presidenta de la Junta sacó la artillería.

Como siempre, Pedro Sánchez intenta mantener tranquilidad. Pero a nadie se le escapa que al presidente del Gobierno la debacle andaluza le ha alterado todo el calendario. Él mismo ha reconocido, en conversaciones informales, que así ha sido.

Sus cercanos pueden aferrarse a que los cambios políticos son a día de hoy vertiginosos y que pueden situar al más pintado en la cresta de la ola o casi ahogado en un abrir y cerrar de ojos. No obstante, el 2-D presagia un infierno de tierra quemada para el PSOE.  

La mirada a cara de perro resultó clara la misma noche electoral en Ferraz: Susana Díaz debía caer. Aparentemente, Sánchez tenía la sartén por el mango. Cómo de hundida debió de percibir a la aún presidenta de la Junta de Andalucía en la conversación telefónica para lanzarse a minar definitivamente a su adversaria.

 

Sin apenas energía, incapaz de sacar fuerzas de flaqueza, estaba noqueada, a decir de partidarios, entre quienes habían empezado a desaparecer algunos de la foto. En el cuartel general del PSOE, entretanto, Pedro Sánchez y su guardia de corps hacían cábalas sobre el relevo de la lideresa. 

En su condición de secretario de Organización, José Luis Ábalos lanzó la operación de entierro político de Díaz que apenas duró 24 horas. El partido se convirtió de golpe y porrazo en una olla en ebullición. Susana Díaz se atrincheró. Las cosas dejaron de estar claras. Para nadie. Hubo de darse marcha atrás.

Un mensaje en la cara

Y así se llegó a los fastos con motivo del 40 aniversario de la Constitución en el Congreso de los Diputados. De la carrera de San Jerónimo, aunque los oídos le pitasen constantemente, la presidenta en funciones de la Junta de Andalucía se llevó un puñado de fotos. Entre las instantáneas, una con otros barones regionales, los mismos cuyos móviles llevaban echando humo desde el día de autos.  

Para todos ellos, la pretensión de Pedro Sánchez de tomar el control de la organización socialista andaluza era sinónimo de caos. “Las sucesiones nunca se improvisan y la anarquía no la quiere nadie”, pasó a ser una frase repetida hasta la saciedad entre bambalinas.

Dada por fracasada la intentona de moverle la silla bajo sus pies, la propia Susana Díaz quiso dotar a su aparición en Madrid de dramatismo. La respiración otorgada por bases, dirigentes y barones, la llevó a lanzar ante Ábalos un desafiante recado: “Aquí estoy, aunque te pese”. Tal cual. El también ministro de Fomento optó por aprovechar la más mínima ocasión para desaparecer de escena. 

Díaz, más aún después de recibir el aval del Gobierno, cree haber salido reforzada de este lance. Su futuro es todavía una incógnita para muchos. Ella pretende mantenerse a los mandos del PSOE-A, pero los hay con galones, en el entorno de Sánchez, que sueñan con relegarla al Senado o incluso enviarla a ese otro cementerio de políticos llamado Europa. ¿Se dejará? 

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