30 de mayo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Schlichting pone la puntilla de la hipocresía sobre Pablo Iglesias por "macarra"

Cristina López Schlichting no cree que el virus saque lo mejor de nosotros.

Cristina López Schlichting no cree que el virus saque lo mejor de nosotros.

La periodista hace polvo a la imagen del líder de Unidas Podemos recordándole eso que prefiere ni escuchar sobre "las personas" y la "gente" con la que antes tanto se le llenaba la boca.

Este jueves Cristina López Schlichting tira de ironía y escepticismo en su columna de La Razón para concluir que aquellos deseos al principio de la pandemia sobre que aprenderíamos lo importante de la vida o que nos enseñaría humildad han quedado en bobadas porque "nunca aprenderemos colectivamente".

De hecho, "veintisiete mil muertos después, escucho a Pablo Iglesias y a Echenique señalar a los líderes de la oposición para constituirlos en diana de sus hordas y no doy crédito de la rapidez con que se sustituyen los aplausos y los a-este-virus-lo-paramos-juntos por las sórdidas amenazas".

Lo que ha pasado para este cambio es que "algunos se han atrevido a hacerle al dirigente de Podemos lo que éste le hizo a Soraya Sáenz de Santamaría" y recuerda que "fue Iglesias quien se inventó el jarabe de palo democrático del «escrache», que antes de Podemos ni conocíamos la palabra". 

Puestos a recordar, la periodista recuerda que "la casa de Galapagar es un símbolo nacional de la incoherencia" porque fue Iglesias y no sus enemigos quien dijo que hacían mal los responsables políticos en alejarse de los núcleos urbanos y los barrios obreros y ahora ha dicho en sede parlamentaria que se alegraba de poder disfrutar de su jardín en el confinamiento.

Y claro, reflexiona, "ahora la gente de Madrid está cansada de la jaula y recela de que el estado de alarma esté siendo tapadera de contratos sin concurso, nombramientos a dedo y hasta cierta indiferencia hacia la quiebra de las empresas y los 18.000 parados por semana" y "los torpes sin jardín han ido al jardín de Iglesias para gritarle que no están bien". 

Para Schlichting lo que critican las personas es el gesto antológico de indiferencia con lo proclamado: "Que Iglesias tenga los mejores recursos del hospital para sus hijos. Que tenga análisis sin cuento para él y su mujer. Que acuda sin mascarilla a los actos, saltándose la cuarentena".

Por eso concluye que "ir a gritar donde vive su familia es cruel e injusto. Ellos no tienen culpa alguna. Como no la tenía el hijo de Soraya Sáenz de Santamaría. Pero no esperemos que el virus nos haya cambiado".

Al revés, como toda respuesta "Iglesias y los suyos prefieren amenazar con una escalada de escraches a las familias de la oposición. Era esta siempre la forma de actuar de los macarras de mi barrio".

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