27 de mayo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Zapatero, la mano que mece la cuna del volantazo de España a favor de Maduro

¿Por qué Sánchez ha pasado de temer la implantación del chavismo en España con Podemos a vetar a Guaidó y negarse a recibirle? La clave tiene varios nombres, pero el principal es ZP.

Hace un año, Pedro Sánchez se apresuró en llamar a Juan Guaidó y quiso que se viera el momento: un paseo por Davos, teléfono en mano, para saludar al nuevo presidente de Venezuela y reconocerle como tal en sustitución de Nicolás Maduro, el sucesor de Hugo Chávez que también provocó otra legendaria frase del líder socialista contra Podemos: "Su objetivo final es implantar el chavismo en España".

Un año después, Guaidó verá o ha visto a Boris Johnson, Angela Merkel y Emmanuel Macron, pero no a Sánchez, cuyo Gobierno ha dejado tres imágenes de rechazo que son un respaldo diplomático indirecto, pero de primera línea, a Maduro.

Un sospechoso encuentro clandestino del ministro José Luis Ábalos con una de sus ministras; las despectivas frases de Pablo Iglesias negándole a Guaidó su condición de presidente y el cierre de La Moncloa para recibirle oficialmente.

Seguramente el tradicional respaldo de Podemos al chavismo explica una parte del volantazo de España con Venezuela, inusual en Europa y muy mal visto en Estados Unidos, que no tolera las puertas de atrás europeas para auxiliar a sus bestias negras en Latinoamérica: quizá eso explique el desdén de Donald Trump con Sánchez en Davos, al que ni siquiera saludó en las 16 horas que compartieron en la ciudad suiza.

 

Pero hay algo más, y ese matiz es crucial y explique quizá el clandestino encuentro en Barajas del ministro Ábalos con la todopoderosa vicepresidenta, Delcy Rodríguez: la extraña y nunca aclarada presencia de Zapatero en la Venezuela de los últimos años, con Rajoy primero y luego con Sánchez, en un papel de intermediario nunca reconocido ni encomendado por España pero muy activo.

¿Es el expresidente, muy activo en el ámbito internacional y a menudo acompañado por su exministro de Exteriores Moratinos, la clave de ese viraje del Gobierno de España? Lo parece, por mucho que la palma chavista se la lleven los Iglesias, Garzón o Monedero, contumaces a la hora de tildar de "golpista" a Guaidó y de camarada al heredero de Chávez.

"Mi príncipe", llegó a llamar la vicepresidenta de Venezuela a Zapatero en uno de sus encuentros en Caracas, adonde el predecesor de Sánchez ha ido como "observador" en incontables ocasiones para, desde una supuesta equidistancia, legitimar siempre al régimen.

 

 

Pero hay más. Hace apenas una semana, Zapatero no dudó en saltar a la palestra en TVE para despreciar a Guaidó, finalmente desplazado de la agenda oficial de La Moncloa. Con unas palabras durísimas: "Es muy claro que ni las sanciones internacionales ni el intentar tumbar a un gobierno, al que se puede criticar, más o menos funciona. No ha funcionado, no ha funcionado la operación Guaidó y no funcionará".

Y para que no hubiera dudas, tildó también de "Golpe de Estado" la pérdida del poder de Evo Morales en Bolivia, pese a constatarse el pucherazo electoral con el que quiso perpetuarse en el cargo pese a la mayoritaria opinión en su contra de los bolivianos. 

 

 

Curiosamente, Zapatero y los máximos dirigentes de Podemos aparecen en las pesquisas judiciales que investigan el rocambolesco "asalto" de una diplomática española, respaldada por GEOS, a la embajada mejicana en La Paz. Allí estaban refugiados importantes cargos de Evo Morales.

Y el episodio tal vez cierre el círculo de las dudosas relaciones de Podemos y Zapatero con el chavismo latinoamericano, un martillo ideológico y, quizá, un negocio rentable. Nada del todo nuevo bajo sol, de no ser por un detalle: el Gobierno de España parece haber comprado, definitivamente, esa línea de trabajo.

 

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