Un puñado de votos

Ganará en definitiva quien logre mantener a los suyos movilizados y logre atraer voto recuperable que se le fue a otros partidos el 28 de abril

En un puñado de votos. En eso nos jugamos el futuro gobierno de Valencia. En mil votos arriba o abajo. O incluso 500. Cien si la cosa está muy ajustada. Estamos en una situación insólita en nuestra ciudad que provoca que hasta cuatro candidatos tengan opciones reales de ser alcalde o alcaldesa el próximo 26 de mayo.
No crea las encuestas intencionadas, en muchos casos hechas sólo para movilizar a los propios o desencantar al contrario, que dan la cosa ya por hecha y aseguran que sí o sí, hagamos lo que hagamos, Ribó volverá a repetir de alcalde. No haga caso no porque lo diga yo, sino porque la sociología de la ciudad y el comportamiento electoral en Valencia en las últimas citas electorales, y más concretamente en la del 28 de abril, hace menos de un mes, lo que indican es un empate de bloques y a su vez un empate de fuerzas en cada bloque.

Esto no es como hace 15 años en los que sí estaba el pescado vendido con una Rita Barberá con 20 concejales. Es que ahora hablamos de que el futuro alcalde puede serlo sólo con 7 concejales si la suma de los pactos le da. Cosas del fraccionamiento de la política actual.
Viéndolo con datos sobre la mesa, el 28 de abril el bloque de izquierdas (PSOE, Compromís y Podemos) sumó en la ciudad de Valencia 214.613 votos, y el bloque de centro derecha (PP, Cs y Vox) sumó 216.895 papeletas, sólo 2.282 votos por encima de la izquierda. Con este resultado, María José Catalá o Fernando Giner podrían ser alcaldes de Valencia.

Pero ojo, estamos hablando de una diferencia sólo de dos mil votos, que en una ciudad como Valencia viene a ser un empate técnico. Si el centro derecha perdiera su movilización o la izquierda se movilizara un poco más, esa diferencia se pierde y, entonces sí, Ribó podría ser alcalde, o incluso Sandra Gómez, algo que no se esperaría nadie hace unos meses pero que podría hacerse realidad si el PSOE lograra aprovechar la ola de su victoria en las generales.
Ganará en definitiva quien logre mantener a los suyos movilizados y logre atraer voto recuperable que se le fue a otros partidos el 28 de abril. Ahí es donde tanto Joan Ribó como María José Catalá pueden rascar y beneficiarse más. El primero, atrayendo el voto que en las generales apostó por el ‘voto útil’ al PSOE o Podemos pero que en Valencia al que consideran útil es a Compromís por ostentar la alcaldía. Y la segunda, arrimando a su candidatura voto que en las generales fue a Ciudadanos y sobre todo a Vox por el tirón de sus marcas y candidatos nacionales, pero que en la ciudad de Valencia no ven a estos partidos como alternativa.

El voto útil en estas elecciones municipales cobra más significado que nunca porque la pelea por cada voto va a ser crucial.


Otro factor es el voto de los partidos minoritarios que están lejos de obtener concejal. Si estamos diciendo que esto se juega en mil o dos mil votos, los 1.500 votos que sacó Som Valencians o los 1.200 de Avant son imprescindibles, por ejemplo, para que gane el cambio y el centro derecha si en lugar de ir a partidos minoritarios suman a una candidatura como la del PP. El voto útil en estas elecciones municipales cobra más significado que nunca porque la pelea por cada voto va a ser crucial.
En definitiva, no crea a quien da ya por vendido el pescado este 26 de mayo porque partido, hay partido en Valencia ciudad y en la noche del 26 de mayo más de uno estará de los nervios. Usted lea programas, infórmese de los candidatos y vote, porque más que nunca su voto cuenta.

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