22 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Andalucía en el espejo de Sicilia

Griñán y Chaves

Griñán y Chaves

El juicio de los ERE simboliza, para el autor, la equiparación entre la Junta de Andalucía y el 'Estado en la sombra' reinante en Sicilia. Y cree que todo sigue igual pese al escándalo.

 

 

Lo bueno de que el culebrón del segregacionismo catalán haya cesado un poco en intensidad -esperaremos impacientemente los espectadores a que comience la quinta temporada, llena de amor apasionado e intempestivo entre Oriol y Carles-, es que podemos empezar a hablar de las muchas y variopintas tramas mafiosas andaluzas, pero en especial de sus dos luceros del alba: el caso ERE y el fraude de los cursos de formación. Porque, aunque no lo crean, ambos casos continúan, no solo bajo investigación, sino pendiente de proceso judicial, en el caso del segundo.

Todo comenzó en el despacho de un empresario. La firma se llamaba Grupo La Raza y estaba a punto de abrir una escuela de hostelería en un terreno propiedad de Mercasevilla. La Raza -curioso nombre- recibió una subvención de 900.000 euros de la Junta de Andalucía.

En Sicilia todos saben que la mafia es una organización política, un Estado en la sombra, tal y como hace la Junta de Andalucía, pero a plena luz del sol

Al cabo de unos días dos tipos con aspecto de ganapanes irrumpieron en el despacho del empresario y le exigieron la mitad de la subvención. Así, como se suelen hacer las cosas en el sur, en plan Corleone, sin rubor alguno. O me das lo mío o te verás en serios problemas. Nunca olvidamos un favor. A cambio, estos dos capos le garantizaban al empresario una subvención para dar cursos de formación en un futuro. Los mafiosos resultaron ser el exdirector de Mercasevilla y el exdelegado provincial de Empleo de la Junta de Andalucía.

A partir de entonces, se comenzó a tirar del hilo y se destaparon concursos públicos amañados de venta de terrenos, tráfico de influencias, constructoras privadas beneficiadas por las instituciones, masivas prejubilaciones fraudulentas, prevaricación y malversación en la gestión de empresas públicas, subvenciones a empresas que no estaban pasando por un expediente de regulación de empleo, ayudas públicas a personas que ni siquiera tenían una empresa, sobornos a cargos públicos, comisiones -muy por encima del valor de mercado- a intermediarios entre la Junta de Andalucía y trabajadores, entre la Junta de Andalucía y aseguradoras, entre la Junta de Andalucía y consultoras, entre la Junta de Andalucía y bufetes de abogados, entre la Junta de Andalucía y sindicalistas.

La mafia lo controlaba todo.

El propio viceconsejero de Empleo de la Junta de Andalucía, Francisco Javier Guerrero, admitió que el dinero público que se debía destinar a favorecer el empleo en la zona de Europa más castigada por el paro se desviaba a un "fondo de reptiles". El nombre venía de la época de la unificación de Alemania, cuando se disponía del dinero que se había robado a sus enemigos. De este jocoso modo, la consejería de empleo se reía de los desempleados, a los que consideraba enemigos dignos de ser robados. En el éxtasis del jolgorio por el delito, los cargos públicos hablaban con la jerga del crimen organizado, refiriéndose a los miles de euros que robaban en sobres como "cajas de vino", tal y como ya hizo en su tiempo ETA.

Todos lo sabíamos

Lo curioso de este asunto es que, en el caso de Málaga, donde muchos de estos cursos ni siquiera llegaron a impartirse, todos los malagueños sabíamos que esto estaba sucediendo. Todos habíamos escuchado que tal empresa había utilizado los documentos nacionales de identidad de todos sus familiares para justificar aquel curso.

En muchos de los casos de corrupción de Andalucía los ciudadanos andaluces demostramos que lo que decía Elmyr de Hory, aquel pintor y falsificador húngaro que introdujo más de mil obras falsas en el mercado pictórico con absoluta impunidad, sigue siendo cierto: "El ser humano es especialista en fingir que se escandaliza".

En un cierto modo, parece claro asegurar que todos los andaluces somos culpables. Es más, creo que para que todos nos sintamos más o menos liberados deberíamos salir del armario y admitir nuestra propia corrupción, nuestra deshonestidad.

Cada vez que alguien de fuera de Andalucía nombra este detalle, la Junta de Andalucía sale a nuestro rescate tachando al forastero de xenófobo o tergiversador. Pues no. Es cierto. Los andaluces somos unos corruptos. Nací aquí. Y mi segundo apellido es siciliano. Digo yo que algo podría saber sobre este tema. Sicilia es, sin duda, el lugar más precioso del mundo. Y uno de los más corruptos. Son dos instituciones muy similares: la Junta y la mafia. En serio.

No sé por qué los andaluces parece que hemos hecho un doctorado en aparentar que nos escandalizamos ante la corrupción. En Sicilia nadie parece indignarse por este detalle. Quizá debiéramos comenzar todos a ser un poco más sinceros.

 

Sicilia -¿o es Andalucía?- vista desde el aire

 

Allí, en aquella isla que parece de mentira de lo hermosa que es, en aquel inmenso barrio levantado a bocados, codazos y empujones sobre una isla, la gente es simpática, generosa, viva, amable... y corrupta. Un chatarrero puede entonar una preciosa melodía a voz en cuello al pasar bajo un balcón de la mansión Villadorata, con esas macizas barandas de hierro forjado hacia fuera para que las pretéritas señoras de la alta burguesía pudieran asomarse al pueblo sin que las abombadas faldas de sus vestidos se manchasen. De los frontales de las iglesias, monasterios y catedrales brotan plantas verdes. Una vez le pregunté a un guía desdentado si no les preocupaba que aquella vegetación pudiera carcomer la piedra. "Así es la vida", respondió con inocencia.

Andasicilia

Los tendederos se despliegan en las aceras y allí se secan los pijamas, entre los vapores de los tubos de escape. Desde el interior de casas del siglo XIX suena reguetón, mientras de una sencilla cuerda amarrada desde una gárgola con una cabeza de león a otra con el rostro de un querubín cuelga la ropa interior de toda la familia. La siciliana es una gente apasionada, caótica, con una gracia natural. Todo aquel zumbido constante, aquel feliz caos que se desenvuelve sin aspavientos entre una belleza deslumbrante, no deja de ser Andalucía hace media década. Con su luz, su alegría, su belleza, su corrupción

Desde 1860, cuando Italia se reunificó, la mafia siciliana ha ido perfeccionando su modus operandi en el sur, hasta convertirse en una institución más que se encarga de múltiples asuntos sociales. Porque, claro, los mafiosos son criminales profesionales y, como todos sabemos, un profesional se diferencia de un hombre ordinario en que se debe presentar a sí mismo frente a su público de una forma que resulte atractiva.

Los mafiosos necesitan ganarse a una parte de la sociedad, bien con una red clientelar, bien con una adecuada campaña de marketing

Los mafiosos necesitan ganarse a una parte de la sociedad, de la opinión pública, bien con una red clientelar que coma alfalfa del pesebre, bien con una adecuada campaña de marketing que genere votos. En Sicilia todos saben que la mafia es una organización política, un Estado en la sombra, tal y como hace la Junta de Andalucía, pero a plena luz del sol.

Como opina Eugenio Ponce -un amiguete podemita de las redes- con particular lucidez,  solo hay dos cosas que llegan a absolutamente todos los rincones de Andalucía: el PSOE-A transfigurado de Junta de Andalucía y la Iglesia Católica. Tal y como sucede en el sur de Italia. Las cárceles sicilianas están repletas de mafiosos que estudian teología durante sus estancias a la sombra. La mafia tiene su particular ideología.

El juicio a Griñán y Chaves

Ya nos avisó Martin Amis: a los gobiernos de hoy no les interesa la verdad, están obsesionados con la imagen. Durante el siglo XIX la palabra "secta" se utilizaba para referirse a la mafia. Esta se presentaba ante los sicilianos como una organización benéfica que les ayudaba a encontrar empleo. Para su existencia, de hecho, necesitaban que el desempleo fuera alto. Una vez un capo, al ser interrogado por un juez, le dijo: "Ustedes hacen muy bien. Le enseñan a los niños a obedecer la legalidad, pero cuando cumplen 18 años y no tienen trabajo acuden a mí".

Eso es exactamente lo que la Junta de Andalucía ha estado haciendo, con mayor o menor acierto, desde el comienzo de nuestra joven democracia. Por esa razón, el juicio contra los expresidentes Chaves y Griñán y otros 20 ex altos cargos ha seguido adelante. Por esa razón, durante los siete años que la Justicia lleva detrás de la madeja del expolio de los ERE, la Junta de Andalucía ha estado personada como acusación. Y precisamente por esa razón, no sucederá nada más. Todos los andaluces lo sabemos al igual que sabíamos, en tiempo real, los criminales tejemanejes que esta gente se traía entre manos. 

Porque la mafia lo sigue controlando todo. 

 

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