25 de enero de 2020 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sin censura: nos colamos en el nuevo restaurante de Paz Padilla

Paz Padilla ha debutado en asuntos de hostelería con Los Tunantes

Paz Padilla ha debutado en asuntos de hostelería con Los Tunantes

Cuando tan solo lleva veinticuatro horas abierto, un equipo de ESChismógrafo se desplaza hasta Los Tunantes, el nuevo restaurante de Paz Padilla, para descubrir los secretos de este local.

Paz Padilla es una mujer con suerte. La vida no puede tratarle mejor. En el plano personal, su relación con el político Juan Vidal está más que asentada. Desde que contrajo matrimonio con él en diciembre de 2016, apenas se han separado. Son muchas las muestras de afecto que se profesan en las redes sociales. Allí, la gaditana ha conseguido una buena comunión entre sus seguidores que aplauden cada una de sus fotografías. Y, en lo profesional, Paz está en su mejor momento.

No hay duda de esta afirmación porque, además de presentar Sálvame (hasta dos veces por semana), Padilla sigue cosechando buenas críticas como actriz dando vida a Chusa en La que se avecina. Y ahora también es empresaria. Paz sabe lo importante que es tener negocios más allá de la televisión. Ha abierto una casa rural que alquila por 3.000 euros a la semana y el pasado miércoles, en pleno inicio de Semana Santa, inauguró su primer restaurante, Los Tunantes, en plena calle Carretas de Villaviciosa de Odón, la más céntrica y comercial de la población madrileña.

ESChismógrafo se ha colado en las instalaciones solo un día después de su inauguración. Se trata de un local con decoración cuidada hasta el último detalle que recuerda a los puertos marítimos. Prima la madera y el minimalismo. Tiene un personal muy cercano y simpático y la carta está basada, fundamentalmente, en raciones y conservas. Destacan las anchoas del Cantábrico y la mojama de atún en salazón. La calidad-precio es formidable. Solo un día después de la apertura, el ritmo es frenético. Quizás por eso la cafetera da problemas ante el volumen de peticiones. Tampoco hay (de momento) datáfono por lo que las facturas se abonan en efectivo. Nada que se consiga resolver con unos días de rodaje y con la simpatía y profesionalidad del encargado, Manuel Padilla, sobrino de la actriz, que ejerce de perfecto anfitrión. Toda una sorpresa.

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