El síndrome de Luis Herrero

Poner de candidatos a quienes no demuestran gran interés en serlo (González Pons, Cantó) puede resultar como cuando la COPE sentó a la fuerza a Luis Herrero en la silla de Antonio.

Antonio Herrero fue el único radiofonista español que consiguió ganar al matinal de la Cadena SER. No sólo eso, sino que, con el concurso de Luis Herrero por las noches y José María García de madrugada, hizo de Antena 3 Radio la emisora líder de audiencia en España. Tras una opa hostil que acabó con esa emisora, sus comunicadores se fueron a la COPE, en donde, junto a Encarna Sánchez, mantuvieron a buen nivel la lucha con su gran rival, pero sin poder reverdecer el liderazgo conseguido por la cadena de Manuel Martín Ferrand.

En pleno éxito, Antonio Herrero murió practicando submarinismo. Fue un dos de mayo. Esa tarde Pilar Vicente, subdirectora del programa matinal, demostró una fuerza y una entereza que asombró a propios y a extraños realizando un programa especial durante horas, entrevistando a todos sus rivales y a todos sus amigos. La COPE, de inmediato, se puso a buscar sucesor. Y por la coincidencia de apellido, incluso de parte de sus biografías estudiantiles, se fijó en Luis, Luis Herrero, conductor de La Linterna, un programa pausado, de reflexión, alejado del nervio y el ritmo propio de las mañanas, y especialmente de las de Antonio Herrero. Carmen Martínez Castro -la que después llevó la comunicación del Gobierno de Mariano Rajoy- era la Pilar Vicente linternista, no les digo más.

Luis se resistió todo lo que pudo. Dijo por activa y por pasiva, en público y en privado que se equivocaban todos los que pensaban que él era el adecuado para sustituir a Antonio. Pero para los linces de la COPE, pensando más en la mercadotecnia que en la radio, el apellido común de Antonio y Luis era garantía más que probada de continuidad del producto de éxito que sostenía toda la estructura y el empleo de la cadena. Y no fue así, como bien recordarán los veteranos del Comité Intercentros.

La audiencia empezó a bajar hasta límites insostenibles. Luis Herrero era un os-lo-di-je continuo, y la cadena le sustituyó cinco años después por Federico Jiménez Losantos, que reflotó el programa. Luis Herrero estuvo en la mañana a la fuerza. Ni le gustaba madrugar ni tenía el nervio para despertar y mantener enganchada a la audiencia durante seis horas. Él lo sabía, pero se dejó convencer sin dejar de pronosticar su propio fracaso.

Esteban González Pons no quiere ser candidato a la alcaldía de Valencia. Todo el PPCV le imagina con delectación en esa lucha electoral. Porque su apellido, como el de los Herrero, le suena a todo el mundo y piensan que eso ya les da ventaja. Los lumbreras del PPCV siguen pensando en mercadotecnia, en desvestir ese santo europeo desconocido para vestir un puesto peor pagado y de incierto éxito. En esa carrera quieren meter a un político sénior en un partido de júniors, al que de entrada sus adversarios le atacarían simplemente por haber estado con Francisco Camps.

Toni Cantó aún no ha dicho claramente que quiera ser el candidato de Ciudadanos a la presidencia de la Generalitat, que yo sepa. Sí, sería un honor para él (¿cómo va a decir otra cosa si se le pregunta por ello?), pero, la verdad, yo interés por venir a hacer campaña a los pueblos de l'Alcoià o La Safor no le veo, con lo bien que está en Madrid, en donde tiene sus siete vidas desde hace años, y en donde se sienta junto al líder, librando batallas parlamentarias en pro de altos ideales tan alejados de la política autonómica como la lucha contra la corrupción nacional.

Cantó no ha sido tan explícito en su rechazo a su presunta candidatura como González Pons a la suya, pero yo creo que se le ve el cartón. Con el agravante en ambos casos de que no tienen ni mucho menos asegurado el éxito si se lanzan a sus presuntas y respectivas aventuras, con el consiguiente riesgo de quedarse en sendas oposiciones al gobernante de turno, sea éste Ximo Puig o Joan Ribó. ¿Querrían hacer eso, o se volverían a sus ruedos nacional e internacional a la menor oportunidad? ¿En qué lugar quedarían entonces sus respectivos partidos, esos que dicen que si no a quién ponen, de cara a la opinión pública?, ¿se tendrían que quedar haciendo la política local los que no valían para encabezar esas listas? Y si los deseados se quedaran a hacer oposición, ¿con qué ganas acometerían la faena? Eso -créanme- el oyente lo nota.

A la velocidad que va la política española en este año todo puede cambiar en un momento, claro, pero a día de hoy las cosas son como son. González Pons no quiere. Toni Cantó no parece que quiera. Luis Herrero no quería. Antena 3 ya no existe. En la COPE a falta de Herreros hay Carlos Herrera. Y la SER sigue líder. Pero, oiga, ellos sabrán. 

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