18 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Los CDR de Quim Torra y la prueba de la violencia germinal del independentismo

El comando desarticulado cuando tramaba atentados terroristas nace de la génesis misma de este independentismo: ilegalidad, coacción, ruptura de la convivencia y en definitiva violencia.

 

 

Parece un titular de otro sitio y otra época, pero ha ocurrido esta misma semana: la Guardia Civil ha desarticulado un comando preparado para cometer atentados terroristas, con percutores de explosivos y planos de instalaciones y cuarteles, teóricos objetivos de sus planes.

Pero esto no ha ocurrido ni en el País Vasco ni en el Belfast de los 90, sino en la Cataluña del siglo XXI. Y lleva la firma de los CDR, una recua de salvajes que, sin embargo, ha tenido la protección cuando no la promoción de las instituciones catalanas, comandadas por personajes y partidos que piensan igual que los nueve detenidos pero utilizan otros medios para lograr el mismo fin: la independencia a toda costa.

Porque a los CDR los ha mimado como nadie Quim Torra, presidente de la Generalitat, el mismo que hace solo un año les invitó a "apretar" y que este lunes, cuando se conoció la operación ordenada por un juez, se puso de su parte. Como el conjunto de los partidos secesionistas, por cierto.

Los CDR de Torra no son un hecho aislado, sino el clímax de una forma de entender la vida y la política que empobrece y denigra a Cataluña

En ese contexto de respaldo institucional, vergonzoso pero indiciario de la catadura del separatismo, conviene recordar la impunidad con que esos Comités de Defensa de la República han cortado autovías durante meses, levantado barricadas y prendido hogueras, paralizado el transporte público o, incluso, boicoteado manifestaciones pacíficas de ciudadanos constitucionalistas.

La violencia soberanista

¿Cómo no van  preparar atentados quienes han gozado de tanto respaldo, de tanta impunidad e inclusive de tanto reconocimiento? Porque los CDR no son unos peligrosos delincuentes para el PdeCat, las CUP o Esquerra; sino los osados muchachos dispuestos a responder a la represión española hasta sus últimas consecuencias.

Pero ante todo son la prueba de que el soberanismo, en sí mismo, es un movimiento agresivo y violento. Porque violento es asaltar las instituciones, saltarse las leyes, romper la convivencia y estigmatizar al distinto, que son las tres características germinales del independentismo en Cataluña. Los CDR de Torra no son un hecho aislado, sino el clímax de una forma de entender la vida y la política que empobrece y denigra a Cataluña.

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