20 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Se llama respeto, imbécil

Querido cagaprisas: Si no quieres dar tu apoyo, perfecto, pero al menos no toques los cojones. Es esta mierda de sociedad moderna que hemos creado donde hemos olvidado valores básicos.

Querido cagaprisas que abandonas la grada antes de que acabe el partido: el problema ya no es tanto que molestes a la gente que ha pagado su butaca y que quiere ver el espectáculo hasta el final sin tener que levantarse o hacer escorzos cual Ona Carbonell para poder mirar a la pista sin tu lenta silueta en su campo visual, que también. El problema tampoco es que hayas pagado por algo que no vas a disfrutar hasta el final, como si tiraras al suelo el último chorrito de gasolina o como si le dijeras al taxista que el kilómetro final lo prefieres hacer andando, que también.

El problema tampoco es que no valores que en el deporte puede pasar cualquier cosa en cualquier momento y que corras el riesgo de perderte algo de lo que luego te enterarás pero que podrías haber disfrutado en primera persona, que también.

El problema es que no tienes respeto. Respeto por los jugadores a los que en teoría has ido a animar, que se dejan la piel en el campo por hacerte pasar un rato agradable en tu asiento. Respeto por un club que te ofrece todas las comodidades para que estés a gusto en un sitio en el que mucha gente desearía estar. Respeto por las personas a las que vas a incomodar con tus prisas.

A uno cuando paga por ir a un campo no se le puede exigir que anime, pero sí se le debería exigir respeto. Si no quieres dar tu apoyo, perfecto, pero al menos no toques los cojones. No silbes a los tuyos, no abuchees sus fallos y, al menos, en una muestra de mínimo respeto, dales un aplauso al final como agradecimiento.

Es esta mierda de sociedad moderna que hemos creado donde hemos olvidado inculcar valores tan básicos y sencillos como dar las gracias, pedir perdón, el por favor o el lo siento. Es esta mierda de sociedad donde ya poco importa el respeto entre unos y otros, y ya no refiero para con los desconocidos, me refiero a la generalidad, esa en la que no damos las gracias ni a nuestros padres por todo lo que nos dan.

Pues oye, las sociedades a veces se cambian por pequeños detalles. Sé que mañana eres la única persona del estadio que madruga, sé que es insoportable especialmente para ti en particular aguantar diez minutos de avalancha en la salida, sé que en el metro luego se forma la de dios y que tú y solo tú quieres llegar pronto a casa o que para salir del parking lo flipas con la que se lía para pagar. Lo sé.

Pero a veces, por un mundo mejor, puede uno hacer pequeños esfuerzos, como quedarse hasta el final de un partido y agradecer a tus jugadores el trabajo y dedicación, hayan ganado o hayan perdido. Un aplauso y a casa, es sencillo. Se llama respeto, imbécil.

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