La catástrofe acecha a Sánchez e Iglesias: "La coalición se nos resquebraja"

Sánchez, esta semana en el Congreso

Sánchez, esta semana en el Congreso

Las luces de alarma se han encendido. En los despachos de La Moncloa han detectado una rápida erosión del Gobierno, acrecentada por el cataclismo económico y la mala relación de los socios.

 

El nuevo curso arranca en un ambiente de rara encrucijada. Demasiada gente mirando si Pedro Sánchez podrá armar una coalición política que le permita aprobar los Presupuestos Generales del Estado, cuando lo realmente importante es si será capaz de afrontar el problemático futuro del país. Porque, en realidad, todos los pasos dados por el Gobierno ante la pandemia han contribuido a desatar la excepcionalidad y la incertidumbre. Basta para constatarlo echar un vistazo a cómo se está desarrollando la vuelta al cole en estos días. 

En la antesala del despacho presidencial, donde se acumulan hasta una treintena de expertos en sondear a la opinión pública, detectan una acelerada erosión del gabinete. Y nada hace presagiar que las cosas vayan a mejorar.

De hecho, en La Moncloa no ven solución alguna para la economía, arruinada por el coronavirus, en al menos dos años y medio. A la vista de los nones de la demoscopia, Sánchez ha vuelto a cambiar de estrategia. Eso sí,  únicamente para apuntalar el control del relato. Propaganda y, cuando se apagan los focos, otra mezcla de agitación y propaganda. Este Gobierno es como los malos estudiantes: en lugar de prepararse los exámenes, pierde horas en confeccionar chuletas para copiar.

 

Intentando disolver su responsabilidad por la aciaga gestión y blindarse ante las críticas, Sánchez se ha metido en una escalada de protagonismo que, de entrada, busca levantar la moral de sus ministros. Sin olvidar la honda desazón que existe entre los dirigentes territoriales y las bases del Partido Socialista.

La conjunción de crisis en todos los ámbitos –sanitario, económico, social e institucional–, que puede llevarse al PSOE por delante, mezclada con la difícil convivencia gubernamental con Podemos, preocupa mucho a los líderes regionales socialistas.

 

 

“La coalición se nos resquebraja”. El entrecomillado es de un destacado dirigente haciendo balance de un Gobierno en permanente  estado de cortocircuito por los intentos de Pablo Iglesias de marcar territorio. A su paso por la Cadena SER, para su nuevo contraataque llegó a desvelar "una fuerte discusión" con Sánchez por la salida del país de Don Juan Carlos. Una revelación que ha calentado las orejas socialistas en las últimas horas. 

El intento de voladura, por parte de Unidas Podemos, del diálogo con Cs para sacar adelante unas nuevas cuentas públicas (a ojos de La Moncloa es ahora mismo la única vía posible), ha sido el penúltimo test de estrés para un Consejo de Ministros  “en combate continuo”.

Y en este punto, la inclinación del vicepresidente morado por sacar gasolina de un Sánchez que a sus ojos se ha "derechizado" le ha llevado a insinuar ante diversos grupos que los miembros  del PSOE del Consejo de Ministros viven la mar de tranquilos con sus sueldos oficiales asegurados y las neveras llenas.

Un infierno

El entorno monclovita se retuerce antes de reconocer la existencia de distintas facciones en el Gobierno. Lógico: vive instalado en el catón de que “la ropa sucia se lava en casa”. Pero las últimas jugadas, escondiendo a los ministros morados la salida de don Juan Carlos de España o la fusión de Bankia con Caixabank, no dejan ya lugar a dudas sobre la desconfianza entre unos y otros.

Se comenta mucho, por ejemplo, cómo aplaude el “sector PSOE” cada vez que se le menciona la exagerada frialdad de la relación entre Iglesias y Yolanda Díaz. Por más que todo esto no sea en realidad otra cosa que los retazos de un  problema mayor: Sánchez no tiene una mayoría parlamentaria que le permita afrontar la endiablada situación que vive España.

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