18 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Por qué el 'frente común' peligra

Uno de los múltiples enfrentamientos entre la Policía y los independentistas.

Uno de los múltiples enfrentamientos entre la Policía y los independentistas.

La voluntad de Puigdemont nunca ha sido llegar a un entendimiento con Mariano Rajoy sino el choque de trenes. Ahora se abre un escenario permanente de inestabilidad y enfrentamientos.

 

 

Hay que decirlo alto y claro: los únicos responsables de las escenas dantescas vividas este domingo en Cataluña son Carles Puigdemont y su comparsa de políticos irresponsables, que han llevado al pueblo catalán al fratricidio.

Para los independentistas no hicieron falta censos, ni garantías, ni mucho menos cualquier pretensión de cobertura legal. De hecho durante la jornada electoral las irregularidades fueron constantes, con urnas misteriosamente llenas de papeletas antes de que dieran las 9 de la mañana y ciudadanos votando hasta tres y cuatro veces en distintos colegios.  

Pero poco importaba todo ello para su auténtico objetivo. La vistosa afluencia, la búsqueda de la confrontación con la Guardia Civil y la Policía Nacional durante la jornada, el impacto de las fotos, contribuyeron a pergeñar la ficción de Puigdemont.

Los secesionistas tiraron por la calle de en medio en el mayor reto al que se enfrentaba el Estado desde la plena consolidación de la democracia. La Generalitat de Cataluña intentará mantener movilizados a sus seguidores, que ahora más que nunca se han creído la ficción de la represión española, y plantear nuevos desafíos. En suma, un escenario permanente de inestabilidad y enfrentamientos.

La voluntad de Puigdemont nunca ha sido llegar a un entendimiento con Mariano Rajoy sino el choque de trenes, sin posibilidad de marcha atrás. El propio Artur Mas ya aventuró que el “conflicto” sólo acabará cuando se acumule fuerza social y política para forzar una negociación “de tú a tú” con el Gobierno.

La CUP va a ejercer una presión enorme en las próximas horas para que haya declaración unilateral de independencia

¿Qué pasará en las próximas horas?, ¿Habrá declaración unilateral de independencia como prometieron? Eso parece tras escuchar a Puigdemont declarar desde el Palau que Cataluña “se ha ganado a ser el derecho a ser un Estado independiente” y pedir la mediación de Europa. Lo que está claro es que la CUP ha olido la vacilación de algunos altos cargos del PdeCAT, y por eso los antisistema redoblarán la presión para que así sea.

La cupera Anna Gabriel lo dejó claro días atrás en un mitin: “El referéndum es de los ciudadanos. El referéndum es de la calle”. En román paladino: por encima de cualquier otro extremo, está el compromiso de anunciar la República catalana, como reiteró el consejero de Exteriores, Raúl Romeva el viernes.

El salto al vacío forma parte del esperpento en el que ha encallado Puigdemont, y que Íñigo Urkullu, hábilmente, ha sabido esquivar. Mientras la tormenta arrecie sobre Cataluña, en el País Vasco seguirán a cubierto. Unidos sí, pero no revueltos. El camino del pulso lo exploró el PNV en tiempos de Juan José Ibarretxe y salió muy escaldado. Con la lección aprendida, están forzados a guardar la ropa.

El incierto escenario futuro abre un abanico de posibilidades con efectos secundarios sobre la legislatura. Especialmente, para el Gobierno de Mariano Rajoy, que aún confía en poder salvar los Presupuestos Generales del Estado para 2018 y hacerlo de la mano de los nacionalistas vascos. “Tiempo”. Es lo que había pedido Ajuria Enea. El despliegue de la Guardia Civil y de la Policía Nacional hará imposible su plasmación. 

La senda está también trazada para Pedro Sánchez, cuya lealtad para con Rajoy tenía fecha de caducidad, y de hecho ya en su comparecencia de este domingo extendió la responsabilidad de lo sucedido este 1 de octubre también al presidente. A partir de ahora el líder de los socialistas blandirá la necesidad de una respuesta política pese a la determinación del PdeCAT, de ERC y de la CUP de seguir adelante con su órdago. Su bandera es la de intermediar en la desgarradora polarización.

Al PP, según constato, le molesta que Sánchez se sitúe en la equidistancia para ejercer de “pacificador”, como si ellos despreciasen el “diálogo” para asegurar el futuro de Cataluña dentro de España. Los populares se irritan por la confesada apuesta socialista por una solución “sin vencedores ni vencidos”, pero aprietan los dientes, qué remedio, ante su cierre de filas con el Gobierno.

Un respaldo, ojo, cogido con alfileres, aun cuando Ferraz pidiese comprensión ante la dureza de Miquel Iceta -exigencia de dimisión de Rajoy incluida- y justificase al primer secretario del PSC por los momentos de tensión que se están viviendo en Cataluña. La confusión socialista llevó a Sánchez a trasladar a Rajoy en conversación telefónica su disgusto con el despliegue de las Fuerzas de Seguridad en defensa del Estado de Derecho.

Empezar a insinuar desde Ferraz –sin llegar a decirlo– que la Guardia Civil y la Policía Nacional erraron al actuar contra un “simulacro” de votación demuestra un distorsionado sentido de las reglas de juego frente a quienes intentan imponer sus ideas por las bravas.

Ello permite vaticinar turbulencias en el “frente común” constitucionalista a partir de este lunes, que a buen seguro serán evidentes en la ronda de consultas anunciada este domingo por Mariano Rajoy para hablar del futuro de Cataluña.

Era previsible la incomodidad de Sánchez, pero está fuera de lugar tirar de tacticismo para pescar en río revuelto. Las líneas rojas frente al independentismo deberían estar claras en el primer partido de la oposición.

El desarrollo de los acontecimientos promete no ser tranquilo. Más aún con Podemos sirviendo de coartada al secesionismo. Pablo Iglesias vendió la falsa dicotomía de “con el PP o con la democracia” y siguió con sus “apretones” a Sánchez para que se decida a liderar una alternativa frente al PP. Ahí, de momento, tiene el viento en contra. El líder del PSOE dejó clara su falta de disposición a ir tan lejos, y la comparecencia  de Rajoy a petición propia en el Congreso de los Diputados le otorga cierto margen de maniobra.  

El Gobierno dejó clara su firmeza para impedir que se conculcase la legalidad. Era su obligación. No tenía más salida. Una cosa es evitar dar argumentos al victimismo separatista y otra muy distinta permitir saltarse a la torera las resoluciones de los tribunales.

Hoy la brecha se ha agrandado. El recurso al artículo 155 de la Constitución ya despunta en el horizonte. El independentismo sólo ha logrado dividir a los catalanes y crear un ambiente muy enrarecido en el resto de España, que ya se verá dónde termina. De esto, sin duda, Puigdemont, Oriol Junqueras y la CUP son los culpables. Suya, y de nadie más, es esta irresponsabilidad histórica.

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