18 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

O PP, Vox y CS o Sánchez con el nacionalpopulismo: España se lo juega todo

Sánchez iguala a Zapatero en sus estragos económicos y le empeora por su dependencia del nacionalpopulismo: el mejor antídoto para ese veneno que amenaza a España es votar en masa.

 

 

Este domingo, cuando el escrutinio de votos sea definitivo, España estará más cerca de tener un presidente que, además de legal como Sánchez en estos diez meses tras su burda moción de censura; sea legítimo y responda a la decisión de los electores y a las alianzas ya visualizadas de antemano por los ciudadanos, que solo pueden ser dos: la del PSOE con Podemos y los independentistas; o la de PP, Cs y Vox.

No hay que engañarse al respecto de terceras fórmulas, como la del PSOE con Cs, que responden en exclusiva al deseo del líder socialista a desdibujar su evidente pacto con el soberanismo que el aupó a Moncloa con el objetivo de disipar el temor que otro acuerdo similar produce a los españoles. Rivera ha negado por activa y por pasiva que esa alianza tenga la más mínima opción de prosperar, y sería un escándalo que después del 28A buscara argumentos para contradecirse.

Que la izquierda se permita criminalizar al "trifachito" mientras Sánchez le debe el puesto a Otegi, Junqueras y Puigdemont solo indica su miedo

Que Sánchez lo intentará es tan obvio como que hará lo imposible para trazar cualquier acuerdo con cualquier formación si atiende al único interés que le ha movido, que no es otro que perpetuarse en el poder: ése es el único proyecto claro del líder socialista para España, y que para obtenerlo le sirva igual un pacto con unos que con  otros da cuenta de la inconsistencia de sus principios y de la hegemonía de sus intereses particulares.

La otra alternativa es la suma de los tres partidos constitucionalistas de corte conservador y liberal, cuyos votantes se han contado desde 2015 hasta la fecha en un número de entre dos y tres millones superior a los del bloque de izquierdas, sin contar con un soberanismo que a la hora de la aritmética parlamentaria deberían quedar excluido por todos.

El sanchismo, con malhechores

No se puede naturalizar algo tan bochornoso como vincular la gobernación de España a la influencia decisiva de quienes quieren acabar con ella, y aunque el sanchismo sea experto en adecentar con retórica las ideas más nefandas, el ciudadano ha de tener claro que en el viaje de resolver o apaciguar el conflicto en Cataluña no puede incluirse nada por encima de la ley, pero tampoco la asociación con los malhechores dentro de ella.

Falta por ver si esa abrumadora mayoría de votantes de centroderecha recogida por los escrutinios de 2016 y todos los sondeos del CIS hasta el aterrizaje del socialista Tezanos, se traduce en una superioridad rotunda en escaños. Algo que ocurrirá si todos los partidos en liza obtienen una representación en cada provincia del entorno o superior al 15%.

 

 

Algo que parece más que probable, lo que permite liberarse al elector de trabar las alianzas que los propios partidos no fueron capaces de hacer (ni siquiera en el Senado para garantizarse la mayoría absoluta) y optar por PP, Vox o Cs según su gusto y libertad.

Que la izquierda y su poderoso aparato mediático ya hayan estigmatizado esa alianza, con el despectivo "trifachito" y la invocación de Andalucía como supuesto precedente siniestro, indica el temor a su viabilidad.

El buen ejemplo andaluz

Y refleja el cinismo de un PSOE que le debe la presidencia a Puigdemont, Otegi o Junqueras mientras se permite señalar a opciones perfectamente constitucionales y a pactos que han abierto las ventanas y ofrecido una esperanza a los andaluces.

El PSOE, con Podemos, solo ofrecen miedo como alternativa al cambio, y en sí mismo eso es definitorio de su endeble propuesta, de la inanidad de sus ideas y del sectarismo que lo envuelve todo.

Sánchez es un Zapatero que, al desastre económico, le añade la peligrosa dependencia doble de Podemos y de todo el soberanismo

Si esa visión se impone en España, el país que conocemos, la arquitectura constitucional que lo protege y la reconciliación que hicimos en el 78 quedarán malheridas, con un presidente doblemente hipotecado por el nacionalpopulismo de sus socios y un Estado de Bienestar mermado por sus alocadas medidas económicas.

Si Zapatero fue negativo en el crucial ámbito económico, Sánchez es una versión empeorada de aquel presidente que a los desperfectos en la gestión le incorpora la doble dependencia de un partido inspirado en el comunismo 3.0 y otros conjurados para cargarse la Constitución. No hay mejor antídoto para ese gravísimo veneno que llenar las urnas de votos.

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