27 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Lo que no te mata te hace campeón de Europa

Los verdaderos artífices para mí esta temporada han sido otros que, cuando el balón está en el aire, no van en chándal. Trabajan en la sombra, nadie los suele ver (ni por supuesto valorar).

Hacía falta. Decíamos que con el tipo de juego que practicábamos, con enganchar al Palacio, con encandilar a Europa con nuestra electricidad en ataque y con cómo nos habíamos sobrepuesto este año a esa plaga de infortunios era suficiente para estar orgullosos. Y lo estábamos. Y lo íbamos a seguir estando aun perdiendo. Pero hacía falta ganar para escribir en negrita nuestro nombre en la historia.

Porque me gusta afirmar, ya sin miedo a que nadie me lo rebata, que el Real Madrid de baloncesto es el mejor equipo de la presente década. Ya lo era, dentro de mi corazón y del de muchos, por lo que había conseguido pero sobre todo por cómo lo había conseguido, pero ahora ya lo es también con los números en la mano. Dos títulos, dos finales y dos cuartos puestos en Euroliga.

En títulos y finales solo nos iguala el Olympiacos, pero con dos presencias menos en Final 4. Pero no solo eso, ya que en este tiempo hemos sido capaces de fabricar a tres MVP: Sergio Rodríguez, en 2014; Sergio Llull, en 2017; y Luka Doncic, en la presente temporada. Solo el CSKA, con Kirilenko y De Colo, se acerca un poco. Y, ahora sí, a todo le podemos sumar el cómo.

Somos un club, en palabras de mi tocayo, reconocido y reconocible. Somos un ejemplo a seguir, un modelo a imitar. Algo así como lo que fue España para el fútbol a partir de 2008 y que ahora todos tratan de replicar. Se puede afirmar, sin miedo a pecar de prepotencia, que el Real Madrid de baloncesto es el referente del baloncesto europeo y esto, amigos, es una noticia maravillosa para el espectáculo. Y por eso era importante ganar, para demostrar que se puede. Se puede ganar y hacer disfrutar.

Hacían falta, eso sí, los mimbres del Real Madrid. Porque, ya sabéis, con buen equipo bien se jode. Y el equipo que tiene el Real Madrid es absolutamente impresionante. La rotación en la final fue algo (creo) sin precedentes: jugaron los doce jugadores y el que menos estuvo en la cancha, Campazzo con nueve minutos, fue titular.

Desde septiembre todos aceptaron su rol, todos. Maciulis, que los meses que estuvo se fajó al poste bajo cuando no teníamos pivots. Radoncic, Yusta y Randle, que siempre estuvieron a disposición del equipo y rindieron mucho más de lo esperado cuando las cosas pintaban muy feas. Carroll, Felipe y Taylor, que hace tiempo que saben su función exacta en el equipo y absolutamente siempre cumplen. Causeur y Thompkins, siempre en entredicho y al final dejando su impronta imprescindible en los momentos más calientes del último partido. Campazzo y Tavares, saltando desde el Murcia y la D-League al nivel más exigente de Europa sin que se note la diferencia. Ayón, Randolph y Llull, sufriendo y entrenando muy duro para llegar en plenas facultades a los momentos clave. Rudy, que (alerta por fuertes dosis de sarcasmo) siempre se esconde en los partidos importantes. Y Luka Doncic, dominando Europa con 19 años. Y ya lo siento por Kuzmic, del que el año que viene esperamos poder disfrutar.

Pero los verdaderos artífices para mí esta temporada han sido otros que, cuando el balón está en el aire, no van en chándal. Trabajan en la sombra, nadie los suele ver (ni por supuesto valorar) pero su trabajo este año ha sido inconmensurable. Estoy hablando, como es lógico, de los médicos, fisios y preparadores y recuperadores físicos.

La tarea era tremenda, con más trabajo del que podamos imaginar: Kuzmic, Llull, Ayón, Randolph y Campazzo. Tenían a unos de larga duración a los que ir recuperando sin prisa pero sin pausa, a otros que iban cayendo y que resultaban tener más gravedad de la esperada y, mientras tanto, los clásicos dolores del día a día. Y todos tenían que llegar a tono para mayo. Y llegaron. Vaya que si llegaron. Para los anales de la historia quedará el retorno de Llull, que dudo mucho que tenga precedentes y ya veremos si alguien es capaz de volver a la élite de la manera y en el momento en el que lo hizo Sergio.

Y al frente de todos, el eterno cuestionado, la dimisión que no llega. Cuando peor le han venido las cosas más ha demostrado Pablo Laso lo buen entrenador que es. Y ser buen entrenador no es solo hacer los sistemas de juego como mucha gente cree. Ser entrenador es mucho más, de hecho los sistemas son casi lo de menos. Pablo ha conseguido hacer de este club una familia donde todo el mundo se siente imprescindible en su papel. Y es esta gestión de egos, ese manejo de la felicidad de los jugadores, lo que hace que todo fluya de tal manera que parezca que es muy sencillo. Pero no lo es, es algo al alcance de muy pocos. Y de tan pocos que son, nosotros ya tenemos a uno. Este ciclo es leyenda, Pablo. Y esta familia madridista, tu familia, queremos que dure unos cuantos años más. Gracias. Y a por el siguiente.

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