El atasco en la comercialización de las clementinas enciende las alarmas

La previsión de cosecha de cítricos de la Comunitat Valenciana para la campaña 2018/2019 alcanzó 3.900.000 toneladas, un incremento del 23% sobre la campaña anterior, y de ellas casi 767.0000 toneladas correspondían a la estimación de producción de las clementinas de media temporada, también con un aumento del 28,5 % sobre la campaña precedente.

A esta gran cantidad de cosecha por vender, las circunstancias meteorológicas del año sumaron un retraso en los índices de zumo y madurez, mucha fruta de pequeño calibre que afecta al valor comercial, y a ello se unió con posterioridad la falta de frío en los países comunitarios de la Europa Central. El resultado de esta tormenta perfecta ha acabado ocasionando un desequilibrio entre oferta y demanda ahora en noviembre que hace que los operadores comerciales no arriesguen un precio en sus compras en el campo.

Sin embargo, el tiempo pasa, la fruta permanece en el árbol sin comprador y el propietario comienza a preocuparse por si conseguirá venderla pronto o se perderá toda la cosecha sin obtener beneficio alguno. Si la climatología no acompaña, como indican las previsiones meteorológicas con humedades relativas altas y lluvias toda esta semana y parte de la que viene, la piel de la fruta madura se estropeará y los daños comerciales serán irreversibles.

En esta tesitura, el agricultor está reaccionando con nerviosismo ofreciendo la fruta a los operadores comerciales de la forma que oficialmente se conoce como “ venta a resultas”, y en el lenguaje coloquial “apuntarlas a comercializar”, “a lo que salga” o “ a lo que te den”. Significa que entrega la fruta al operador comercial sin un precio fijado de antemano, por lo que asume el riesgo comercial de la misma, y recibirá lo que quede después de descontar los gastos de recolección, transporte , acondicionamiento y distribución en el mercado. Esta forma de proceder individualmente, que es legítima en la medida en que lo que se intenta es prevenir el desastre de no poder vender, tiene colectivamente el inconveniente de que todavía presiona más el valor a la baja ya que no existe un precio de referencia para el producto y es muy perjudicial para el propio agricultor.

El punto álgido de la comercialización de la media temporada de clementinas se sitúa habitualmente en la segunda quincena de noviembre, que constituye junto con las fiestas de la Inmaculada y la Constitución la puerta de entrada a la demanda de las fiestas de Navidad. Surgen voces en el sector que reclaman una actuación decidida de la Generalitat Valenciana apoyando con ayudas económicas la retirada de los calibres pequeños para que los precios puedan remontar y salvar así la campaña de la clementina, que si no se actúa a tiempo corre el grave riesgo de perderse comercialmente.

También sería el momento para que una asociación interprofesional como Intercitrus, que languidece sin actividad, facilitara un marco de diálogo y posibles actuaciones entre todas las partes del sector citrícola para la búsqueda de soluciones colectivas.

 

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