28 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La desvergüenza de pactar con Bildu y que parezca un accidente

José Luis Ábalos

José Luis Ábalos

Sánchez es el beneficiario e impulsor desde 2018 de una alianza duradera con Bildu que se intenta disimular con falacias e insultos a la oposición. Pero ya no cuela.

 

El PSOE ha optado por su estrategia de siempre cada vez que comete una tropelía como el pacto con Bildu: negar la evidencia e insultar a la oposición. Solo dirigentes con la falta de escrúpulos de José Luis Ábalos son capaces de comparecer ante la opinión pública para sostener, sin pestañear, falsedades tan fácilmente desmontables como ésa.

Y no solo porque haya sido el propio Gobierno, a través de un vicepresidente que forma parte de él y no es un simple dirigente de un partido externo como Podemos, quien haya saludado el acuerdo con Otegi con la advertencia de que se incorpora a Bildu a la "dirección del Estado".

Que Sánchez le deja a Iglesias hacer el "trabajo sucio" no significa que él no sea el principal beneficiario y por tanto el mayor instigador de una alianza que ni es ocasional ni es menor: el PSOE lleva desde 2018 entendiéndose con Bildu en cuestiones cruciales, ora de manera directa, ora por omisión.

Todo empezó con la moción de censura y ya ha incluido investiduras, al Gobierno de Navarra, la política penitenciaria, la reforma laboral y, ahora, los Presupuestos Generales del Estado. Todo eso lo ha hecho o lo ha disfrutado Sánchez, despreciando las alternativas que tenía, en unos casos, o mintiendo directamente a los ciudadanos antes de acudir a las urnas, cuando rechazaba por completo todas las alianzas que finalmente ha perpetrado.

Sánchez deja el trabajo sucio con Bildu a Iglesias, pero el impulsor y beneficiario de esos acuerdos es él mismo

Junto a esa falacia, se emite además otra complementaria igual de indigna: la de denigrar a la oposición, presentándola como una inexistente "ultraderecha" franquista que le obliga al Gobierno a firmar pactos que, en realidad, no quiere pero no tiene más remedio.

Presentar un partido que no existía con Franco -caso de VOX- como deudor de un Régimen al que solo recuerda el Gobierno, en una triste manera de tratar de adecentar el entendimiento con un partido encabezado por un etarra que no condena el terrorismo y dedica buena parte de su tiempo a imponer un relato abyecto de aquel horror.

Dividir con el 36

E intentar arrinconar al PP como mero báculo de VOX, una indecencia que no afecta a los populares ni a sus seguidores, sino al conjunto de los españoles. Porque les hurta la posibilidad, imprescindible en pleno drama sanitario y económico, de alcanzar acuerdos de mayorías sustentados en las soluciones  que reclama España y no en los intereses sectarios del PSOE.

Que el PSOE traicione así su propia memoria, estigmatizando incluso a algunas de sus glorias como Felipe González o Alfonso Guerra, lo dice todo de los principios de Pedro Sánchez. Pero también de sus intenciones: dividir a España como nunca desde 1936 y hacer todo lo posible, al precio que sea y con quien sea, porque "su" mitad sea algo más grande que la otra.

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