25 de mayo de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

AENA debe enseñar sin demora las cintas de Ábalos y Delcy en Barajas

Ábalos, entre Sánchez y Maduro

Ábalos, entre Sánchez y Maduro

Está demostrado que el ministro y su Gobierno han mentido durante todo el "Delcygate", pero la difusión de las grabaciones en Barajas es exigible para terminar de evidenciarlo.

 

 

José Luis Ábalos es un ministro achicharrado, al que solo protegen las necesidades de Pedro Sánchez más qiue la confianza, por dos poderosas razones: de un lado, la impúdica reunión clandestina que mantuvo en suelo español con Delcy Rodríguez, delegada del sátrapa Maduro, cuya presencia en territorio europeo está completamente prohibida por su participación en reiterados casos de vulneración de derechos humanos.

Y de otro, no menor, por la insólita batería de mentiras que el ministro, y con él todo el Gobierno, ha soltado sin pudor alguno para tratar en vano de esconder su comportamiento. Esto último es suficiente para que abandonara el Ejecutivo o para que el presidente, salvo que fuera quien le ordenó el encuentro,  le hiciera dimitir por la magnitud del despropósito.

 

Pero lejos de eso, Ábalos ha emprendido una huida hacia adelante que descarta, por completo, que estemos ante un caso estrictamente personal: la cobertura que le ha ofrecido La Moncloa y el volantazo de España en su relación con Venezuela, resumido en el desprecio reiterado a Juan Guaidó tras reconocerle como presidente hace un año, avalan la sospecha de que esa reunión fue mucho más que casual y tuvo un contenido siniestro.

En todo caso, no se puede dejar abierta la naturaleza del encuentro en Barajas ni, tampoco, mantener la especie de que es cuestionable u opinable si Rodríguez estuvo en suelo español o no, si se vio con e ministro en zona de tránsito (que sigue siendo España) o en una sala VIP o, como llegó a sostener el ministro, si ni siquiera llegó a bajarse del avión.

 

 

Está bastante claro todo, pero hasta los más ingenuos o seguidistas del Gobierno tendrán que asumirlo cuando ocurra algo que, hasta ahora, alguien ha evitado: la difusión de las imágenes de aquella noche, grabadas sin la menor duda por las cámaras del aeropuerto.

¿Y el director de AENA?

Que deben estar en posesión de AENA, la empresa pública responsable de las instalaciones aeroportuarias de toda España. Si su director, Maurici Lucena, no las entrega, habrá antepuesto su militancia socialista a su diligencia como cargo público. Y si las borra, estaremos ante un comportamiento execrable digno de una intervención judicial.

Para salir de dudas, el directivo lo tiene bien fácil: ponga a disposición de la opinión pública, hoy mismo, el contenido de esas cintas. Que no lo haya hecho ya resulta, la verdad, de lo más sospechoso.

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