Ronaldo y Simeone, el lenguaje del orangután

Dos deportistas de élite, dando ejemplo ... de grosería. Análisis gestual y de comunicación no verbal de los dos astros futbolísticos.

El lenguaje de los gestos es, sin duda, una parte fundamental en la comunicación humana. Cuando los seres humanos nos comunicamos no sólo usamos el lenguaje verbal, las palabras, que transportan las ideas que queremos transmitir a quienes nos escuchan. De una forma consciente o inconsciente, enviamos a nuestros interlocutores mensajes complementarios, paralelos, o divergentes. Y estos mensajes los enviamos con nuestro lenguaje corporal.

El lenguaje corporal tiene un enorme significado. De hecho, según los expertos en lenguaje no verbal, cuando hablamos, el lenguaje corporal ocupa aproximadamente un sesenta y cinco por ciento de toda nuestra comunicación. Es decir, ¡dos tercios de nuestra comunicación son comunicación corporal! Nuestra comunicación paraverbal, cómo salen las palabras por nuestra boca, la voz, ocupa un veinticinco por ciento. Y para la comunicación verbal, o sea, para “lo que decimos”, ¡queda sólo un diez por ciento! Hay expertos que dicen que incluso sólo un siete por ciento. Y como dice una autora americana: “Nos preocupamos mucho por ese siete por ciento, sin atender a la forma en que transmitimos nuestro mensaje”.

TUS GESTOS PUEDEN DESTROZAR TU MENSAJE

Recuerdo todo lo anterior para dejar clara la enorme importancia que la comunicación corporal tiene en la comunicación humana. Por eso, cuando vi por televisión el otro día el gesto obsceno y vulgar de Cristiano Ronaldo, recordé estas ideas que les enseño a mis alumnos en mis cursos.

Cuando decimos algo transmitimos un mensaje verbal. Ese mensaje verbal, para que tenga fuerza y coherencia, debe ir acompañado de una entonación de la voz determinada, con un volumen concreto y de unos gestos que, de un modo natural, apoyan las palabras que hemos pronunciado. Si no hay coherencia, si no hay correlación entre los tres mensajes, verbal, paraverbal y corporal, el mensaje verbal se pierde; los que ganan, los que llegan a la mente de los receptores, son los mensajes no verbales. En conclusión: un determinado tono de tu voz o un gesto de tus manos o de tu rostro, pueden destrozar el mensaje que querías transmitir con tus palabras.

DOS GESTOS VULGARES Y GROSEROS DE SIMEONE Y DE RONALDO

Cristiano Ronaldo, al término del partido de fútbol Juventus-Atlético de Madrid, con victoria del equipo italiano por 3-0 (los tres goles de Ronaldo), hizo un muy ostensible y consciente gesto con su cuerpo y sus manos para devolver el gesto similar que había hecho el entrenador del equipo madrileño, “Cholo” Simeone, cuando su equipo fue capaz de ganar al de Turín 2-0 en el partido de ida de la Champions League. Los dos fueron gestos muy groseros; pero, claro, estamos en el fútbol y parece que ahí todo queda bien porque es un deporte “de machos”, según algunos.

Ambos gestos pudimos verlos en televisión y en las fotos que toda la prensa reprodujo. Simeone, al término del partido de ida de la eliminatoria, emocionado y enardecido al ver cómo su equipo había sido capaz de derrotar al equipo considerado “favorito”, se dejó llevar por sus emociones y, en plena euforia desatada, se volvió hacia las gradas, hacia su público, separó mucho sus piernas, flexionó un poco las rodillas, echó el cuerpo hacia atrás y llevó sus dos manos hacia sus genitales.

No hacían falta palabras. El mensaje que transmite ese gesto lo entendemos todos: “¡Vaya par de huevos que tienen mis jugadores!” (con perdón), en una evidente alabanza hacia lo tremendamente “machotes” que son. Y, claro, cuando la Juve, en el partido de vuelta del otro día, le ganó 3-0 al Atlético de Madrid, eliminándolo de la Champions, Ronaldo, que había marcado los tres goles, le devolvió el gesto al “Cholo”, aumentado si cabe…, y parece que cabe. Cristiano hizo el mismo gesto pero me da la sensación de que separó un poco más las manos, para transmitirnos el mensaje de que “él los tiene más grandes”.

LOS VAQUEROS DEL OESTE Y LOS ORANGUTANES

Lo de señalarse los genitales está en la historia del hombre, y aquí me refiero, literalmente, al “hombre”. Los vaqueros del Oeste, en las películas, siempre se plantaban con las piernas separadas, los pulgares en el cinto y las manos colgando, apuntando directamente a sus testículos. Ese es el tipo de gesto que se supone que hacen “los hombres” para mostrar lo valientes que son. Por eso, aparecer ante el público o en una foto con las piernas muy separadas puede llegar a ser un gesto vulgar, poco elegante, por tanto. Es una muestra de “masculinidad” extrema; o sea, de bestia, como muestra Allan Pease en su libro “El lenguaje del cuerpo” (ver foto). En cambio, las mujeres suelen hacer un gesto totalmente contrario: al estar de pie suelen cruzar las piernas, juntándolas y, de alguna forma inconsciente “protegen sus genitales”. En mis cursos observamos ambos gestos con frecuencia.

En definitiva, esto es tan antiguo como la historia del hombre sobre la tierra, desde su época más primitiva y más animal. No en balde compartimos muchos gestos con nuestros primos los primates. Son los gestos del llamado “macho alfa”, el jefe de la manada. El orangután y el gorila hacen este tipo de gestos para enviar el mensaje de que “él es el jefe porque es el más fuerte, el más bestia, el más macho”. Esos gestos han quedado de alguna forma en nuestro ADN. El problema es que algunos parece que no hayan evolucionado y cuando dejan que las emociones se desborden nos muestran sus raíces más vergonzosas, más bestias y, por tanto, menos humanas.

Paco Grau. Periodista y Profesor de Oratoria. 

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