12 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

No pierden ni Nadia Calviño ni España: pierden Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Europa ha dicho "no" a las políticas, las medidas, los pactos y el sectarismo de la coalición entre el PSOE y Podemos. Ni la capacidad de Calviño es suficiente para compensar esa lacra.

 

 

Nadia Calviño no será la la presidenta del Eurogrupo, el influyente club que reúne a 19 ministros de Finanzas de la Unión Europea y orienta la política económico del Gobierno continental en un momento especialmente decisivo.

No fueron ni los deméritos ni los errores de la vicepresidenta económica los que acabaron con su candidatura. Al revés, su solvencia y credibilidad en Bruselas, donde tiene una larga y respetada trayectoria, le dieron opciones hasta el último momento pese a la escasa credibilidad que tiene el Gobierno del que forma parte.

Y ésta es la clave. En un momento crucial de la Unión, en el que necesariamente se tendrá que redefinir su función para atender con solvencia la nueva era que se abre camino entre penumbras, era muy difícil que prosperara la opción más cercana a Pedro Sánchez y a Pablo Iglesias.

Europa ha dicho no a las recetas y discursos del PSOE y de Podemos, pese al prestigio de Nadia Calviño

La contumaz insistencia en recetas equivocadas, los estragos sin parangón en la economía nacional fruto de la lamentable gestión de la pandemia, el carácter desestabilizador de una de las patas del Ejecutivo y la pasmosa negativa de Moncloa para presentarse ante Europa de la mano de la oposición han pesado más, sin duda, que la incontestable capacidad de Calviño.

Probablemente Europa creyó en ella con freno a los desvaríos de la coalición del PSOE con Podemos, el único Gobierno populista de la UE. Pero también, tal vez, ha comprendido en el último momento que su proclamación sería utilizada por Sánchez como un acicate a sus políticas en lugar de como un obstáculo a sus excesos.

Es pronto para interpretar en toda su extensión las consecuencias para el país de esta decisión, pero algo resulta evidente: Europa está dispuesta a ayudar a España, cuya caída tendría efectos en toda la Unión. Pero no de cualquier forma ni a cualquier precio. Bruselas quiere que España, en fin, se parezca a Europa y no al contrario. Y si Calviño no tenía fuerzas para lograr ese empeño, por la resistencia absurda de su propio Gobierno, ha preferido elegir a otro aspirante que, sin duda, las tendrá.

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