18 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La diferencia de estilo y de gastos entre Sánchez y Rajoy cuando van a EE.UU

Un dato lo dice todo de cómo, con iguales puestos y obligaciones, no todos los presidentes del Gobierno se comporta (ni gastan) igual. En la comparación, uno de los dos queda en evidencia.

 

 

Sabido es que a Pedro Sánchez le gustan los aviones, las comodidad y los espacios suntuosos, y de ello dan prueba incontables episodios: la reforma de palacios canarios para ir unos días con la familia, el aumento de la plantilla a su servicio en Doñana, el flete del Falcón y de helicópteros Puma para ir a bodas y conciertos o el despliegue de efectivos cuando va a un incendio o se desplaza al extranjero.

Algo especialmente ostentoso cuando su destino son los Estados Unidos y, especialmente, cuando viaja su mujer, Begoña Gómez, dejando por cierto un par de preguntas en el aire que alguien debería responder: si viaja en la comitiva oficial, ¿por qué sus gastos se protegen como Secreto de Estado? Y na más, igual de necesaria.

¿Un directivo privado en la ONU?

¿Es normal que un directivo de una entidad dedicada a la cooperación internacional -esto es, a captar fondos- vaya de la mano de un presidente de Gobierno a lugares institucionales donde precisamente se habla de eso? Porque casualidad no parece y, en todo caso, ya se sabe el dicho sobre la mujer del César.

 

El caso es que Sánchez se ha tirado casi una semana en Nueva York jugando a los líderes mundiales, con una amplia comitiva, una agenda que no fue para tanto y un derroche que, sin conocerse las cifras, sin duda será muy elevado. Y cabe preguntarse también si eso es lo normal en alguien de su posición.

A este Topo le consta que la respuesta es negativa, y pueden ponerse ejemplos al respecto: salvo contadas excepciones, cuando el inquilino de La Moncloa era Mariano Rajoy los viajes de éste a los Estados Unidos apenas duraban uno o dos días y no incluían ni grandes hoteles ni noches con pensión completa en la capital del mundo. Todo lo contrario: el gallego era tan adusto que incluso llegó a ir y venir en 48 horas y a hacer noche en el propio Falcon. Igualito.

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