22 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Mayte Alcaraz cumple lo que le pidió el periodista Manuel Erice antes de morir

Manuel Erice tenía 52 años y luchó los dos últimos contra el cáncer.

Manuel Erice tenía 52 años y luchó los dos últimos contra el cáncer.

La pérdida de quien fuera director de "ABC" con solo 52 años ha consternado a la profesión. Su compañera y amiga, devastada, escribe este lunes en el diario un sentido homenaje a Manolo.

La prematura muerte del periodista Manuel Erice después de toda una vida en ABC (su último destino fue la corresponsalía en Washington) ha conmocionado a sus compañeros de profesión, puesto que no había cumplido los 53 años y luchaba desde hace dos contra el cáncer. 

Entre muestras de cariño y condolencias llegadas a su familia y a la familia de ABC -también desde la Casa Real-, su compañera Mayte Alcaraz escribe este lunes su obituario en las páginas del diario, consternada aún por la pérdida. 

Alcaraz desvela que el propio Erice, quien fuera subdirector del periódico, le encomendó la tarea de escribirlo cuando ambos hablaron por última vez, con motivo del cumpleaños de ella.  

"Antes de despedirnos me puso una tarea, a la que quise negarme como cuando me urgía a terminar una crónica atropellada por el cierre y a mí me paralizaba la necesidad de contrastarla con una última fuente. Quise negarme pero no pude. Pude pero no quise. 'Escribe mi necrológica', me dijo. Le contesté con un llanto infinito de derrota, que no era ni un sí ni un no, ni siquiera un qué va, o un ojalá que no. Supe que me encargaba la labor más dolorosa de mi vida. Que me obligaba a regresarle a aquella primavera de 2004, recién nombrados ambos jefes de Nacional de ABC. Manolo vino de su amada Valladolid, donde era delegado del periódico, con la casa, el ánimo y el señorío a cuestas", cuenta la periodista.

Y continúa: "Le quise decir que esa tarea no era para mí. Que me obligaría con esa empresa desgarradora a volver a la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, a recordar con nostalgia su entrega sin horarios como subdirector de ABC, sus desvelos por cuantos proyectos el periódico le encomendó. Que tendría que rememorar cómo defendía con el tesón de un navarro indesmayable las delegaciones territoriales del periódico, las redacciones pequeñas pero llenas de profesionales grandes que hoy están huérfanos, de la afilada guadaña de la crisis".

"Me pidió que redactara su necrológica y a punto estuve de decirle que no me hiciera eso, que ya me encargó el 14 de febrero del año pasado la crónica de la presentación en Madrid de su gran sueño, su libro Trump, el triunfo del showman, y que su enfermedad, tan cruel que no le permitió ni saborear ese debut literario, me dejó varada con mi bloc de notas y el miedo estrangulando mi garganta.

Alcaraz se lamenta de que su amigo del alma haya muerto "sin leer el primer reportaje de su hijo Santi, sin presumir todo lo que le hubiera gustado de los éxitos deportivos de su niña, Marta, ambos sus dos grandes triunfos en la vida, sus crónicas más queridas, que completan la madre de sus hijos, May, y sus tres hermanos, Juan Mari, Santiago y Luis".

Y se despide: "Me dejaste escrito que yo era tu compañera de batalla y el hombro en el que apoyarte. Aquí seguirá ese hombro desvalido, querido Manolo, hasta que la artrosis de la vida lo inmovilice. Pero en una cosa no debí creerte. Al final, los malos eran pocos, sí, pero implacables. En realidad solo era una: la parca. Eso sí, muy cobarde. En eso acertaste, mi querido y añorado Manolo, con quien tanto quería. In memoriam".

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