Padre nuestro que estás en el espacio

Foto US Air Force

Foto US Air Force

El pasado 9 de septiembre el general norteamericano Dunford, jefe de Estado Mayor de la Defensa, presidió en la Base de Colorado la ceremonia de “reapertura” del Mando Espacial de los EEUU



Una de las novedades que trajo la Guerra de Secesión norteamericana fue el uso en ambos bandos de los globos aerostáticos, razón por la cual los historiadores marcan esta contienda como el inicio de la “fuerza aérea” –aún de manera incipiente- en los ejércitos.

Durante la I Guerra Mundial el empleo de la aviación militar dio un gran salto, pero no fue hasta la II cuando el despliegue de aeronaves hizo ganar -o perder- batallas de una manera decisiva.

Una de las luchas más épicas de aquel conflicto se vivió a finales de 1944 durante la ofensiva alemana de las Ardenas. Ocurrió que en la ciudad belga de Bastoña había quedado atrapada la 101 División Aerotransportada del Tercer Ejército de los EEUU. Dos divisiones de “Panzer” alemanes rodeaban –respectivamente- el norte y el sur de la ciudad.

A pocos kilómetros, el resto del Tercer Ejército norteamericano –bajo el mando del general George Patton- intentaba desesperadamente romper el cerco, pero sus unidades de vanguardia no podían hacer frente a los míticos carros de combate nazis. Necesitaba el uso de la fuerza aérea para obligar a los alemanes a levantar el sitio de Bastoña.

Patton tenía todos los aviones del alto mando aliado a su disposición, pero éstos no podían volar a causa de las pésimas condiciones meteorológicas. El 8 de diciembre de aquel 1944 llamó al capellán militar y le pidió que escribiera una oración rogando a Dios que mejorara el tiempo de tal modo que la fuerza aérea aliada pudiera atacar.

A pesar de la sorpresa inicial, el capellán cumplió la orden y la oración fue distribuida a los más de doscientos mil soldados del III Ejército que elevaron juntos sus plegarias con un resultado milagroso: una semana de cielos claros en la que Patton consiguió salvar a su 101 División Aerotransportada.

Y tras la lucha por la superioridad aérea en los conflictos armados, llegó a finales del siglo pasado la “Guerra de las Galaxias” derivada de la Guerra Fría y la carrera espacial entre la antigua URSS y los norteamericanos.

Fue en 1985 cuando el gobierno creó el Mando Espacial de los EEUU. Aquella división de las fuerzas armadas norteamericanas tenía como misión obtener la superioridad y el dominio en el espacio. La unidad funcionó bien (sobre todo con Ronald Reagan, que fue quien la diseñó). Con el paso de los años llegó la perestroika, la caída del bloque comunista y el deshielo de la Guerra Fría, así que el Mando Espacial fue –poco a poco-  dejando de tener interés para la administración norteamericana.

La puntilla para aquella unidad llegó hace 18 años, un 11 de septiembre de 2001. Tras el ataque a las Torres Gemelas, el presidente George Bush marcó como objetivo número 1 para sus fuerzas armadas la lucha contra el terrorismo, campo en el que volcó la práctica totalidad de sus esfuerzos y recursos económicos.

Como consecuencia de este nuevo enfoque en la defensa, a principios de 2002 el Mando Espacial fue cerrado y el espacio dejó de ser una  prioridad para los EEUU.

Ocurre, sin embargo, que en la guerra muchas veces pasa como en el fútbol: cuando abandonas un espacio (nunca mejor dicho), el enemigo lo ocupa.

Y mientras la administración norteamericana seguía enfrascada en la “guerra contra el terrorismo”, Rusia y China no dejaron de invertir en tecnología de uso espacial (ya fuera diseñándola o copiándola). Y sí, han puesto contra las cuerdas a los EEUU.

Este mes de agosto pasó –casi- inadvertido el anuncio de Trump de volver a establecer el Mando Espacial de los EEUU. El pasado 9 de septiembre el Jefe de Estado Mayor, el general de los Marines Dunford, presidía un acto militar en la base de Colorado en el que se daba por “resucitada” aquella unidad.

El general Dunford, fiel a su estilo, fue muy sincero en su discurso y reconoció el delicado trance en el que se encuentra EEUU. Textualmente afirmó que “vivimos un nuevo momento Sputnik” en referencia a aquel primer satélite artificial de la historia que los soviéticos pusieron en órbita en 1957 adelantándose a los norteamericanos.

Que la máxima autoridad militar de los EEUU afirme públicamente que vivimos un “momento Sputnik” es tanto como decir que rusos y chinos están por delante en la guerra espacial. Y si los “enemigos” controlan el espacio, quiere decir que controlan los satélites de comunicaciones, los de guiado de armas y los de geolocalización.

Desde el espacio se vigilan los ejércitos y se espía a nuestros dirigentes. Desde el universo se infectan ordenadores y se propagan noticias falsas. Desde el cosmos se lanzan ondas que inutilizan las armas enemigas y desajustan los relojes que sincronizan nuestras vidas… y nuestros misiles.

Es en la inmensidad del espacio donde la guerra se ha convertido en algo silencioso como preludio del gran estruendo que puede cambiarlo todo.

George Patton creía que en vidas anteriores él mismo había sido un general del ejército de Cartago, un prefecto de las legiones romanas y un mariscal del emperador Napoleón. Sí, Patton creía en la reencarnación.

Y viendo su trayectoria de vidas encadenadas, no puede descartarse que al fallecer en diciembre de 1945 –y tras el paso de 10 años por el limbo debido a algunos pecados de juventud- el espíritu de Patton se hiciera carne en un niño nacido en Boston las navidades de 1955: el general Dunford, actual jefe de las fuerzas armadas norteamericanas.

¡Cómo ha cambiado la guerra desde Bastoña!, mi general. Ya no tiene delante los panzer alemanes con sus atronadores cañones. Ahora se enfrenta a los silenciosos satélites rusos y chinos.

Va a necesitar urgentemente una oración; le doy la entrada: “Padre Nuestro que estás en el espacio….”

*Experto en Seguridad y Geoestrategia.

Comenta esta noticia
Update CMP