Ladran, luego Isabel cabalga

Mompó, Bonig, Catalá, Navarro, Morata y Mazón

Mompó, Bonig, Catalá, Navarro, Morata y Mazón

El presidente no puede salir a veranear fuera, despreciando el destino turístico que debería defender, mientras la Comunidad arde entre Ertes y Brotes de coronavirus.

La prensa y los acólitos del Régimen Botánico se han lanzado en tromba contra la presidenta del PPCV, Isabel Bonig.

La primera reacción, en Twitter, a cuenta del reproche que la dirigente hizo al presidente de la Generalidad, por su escandaloso fin de semana en Menorca. Un error del Diario de Ibiza, perteneciente al emporio mediático del que es socio, sacaba a la luz pública su foto cogido in fraganti en una playa de Menorca, mientras sostiene – gentil- un anónimo pie. Las sagradas Adoratrices del Divino Chimo Puig están escandalizadas por lo que entienden que es una intromisión en la vida privada del Presidente. Pero un Presidente no tiene vida privada ni está libre de crítica en democracia (sólo en las teocracias). El Presidente no puede salir a veranear fuera, despreciando el destino turístico que debería defender, mientras la Comunidad arde entre Ertes y Brotes de coronavirus. Imagínense si esa foto hubiera sido del presidente Fabra mientras se veía obligado a cerrar Canal 9.

 

 

Insólitamente, la CEV se ha sumado a un comunicado conjunto con los sindicatos para descalificar a Isabel Bonig, en vez de mostrar públicamente sus cuentas y explicar por qué el 50% de su presupuesto viene de los impuestos de los ciudadanos.

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Es conocida la estrecha relación del presidente con Adolfo Utor, al que en vano - por la frágil vanidad del personaje- trató de imponer como presidente de COEPA, con la complicidad de los medios del Régimen. Muchas veces se ha denunciado el apoyo que el PSPV ha prestado a Balearia. Es preciso que el presidente rinda cuentas de sus gastos de viajes y estancias ligadas a esta empresa, para despejar toda sospecha de que la relación es retribuida.

El segundo aluvión ha sido el de los llamados agentes sociales, a los que Bonig acusó de estar regados por subvenciones. Algo, por cierto, que todo el mundo sabe: sin el dinero de Puig, no podrían pagar sus nóminas. Insólitamente, la CEV se ha sumado a un comunicado conjunto con los sindicatos para descalificarla, en vez de mostrar públicamente sus cuentas y explicar por qué el 50% de su presupuesto viene de los impuestos de los ciudadanos. Salvador Navarro podría haber moderado su discurso contra la presidenta del principal partido de la oposición, o incluso desmarcarse, pero ha preferido hiperventilar y sumarse a la pose indignada de los sindicatos de clase. Era previsible: Salvador Navarro es el décimo conseller de Chimo Puig. Isabel Bonig tiene razón cuando dice que no existe el presunto paraíso valenciano. El diálogo social en la Comunidad es una muestra más de la degradación de la democracia bajo el totalitarismo de izquierdas, que compra a los medios y a los agentes sociales, impone el pensamiento único y descalifica al oponente. Ladran, luego Isabel Bonig cabalga.

Posdata: Hay una clave más política en el ataque de Salvador Navarro a Isabel Bonig: si ella gana, sus días de vino y pancartas llegarán a su fin y por eso apuesta - todo o nada- por el PP de Alicante. Allí, ciertamente, tiene poderosos muñidores, pero se libra una partida a vida o muerte, en la que el Presidente de la CEV es un personaje muy menor. Cuanto más huye hacia adelante, más precipita su caída.

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