21 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Las poderosas razones de Casado y Egea para zanjar la insurgencia de Cayetana

Casado y Álvarez de Toledo, en el Congreso hace días

Casado y Álvarez de Toledo, en el Congreso hace días

Ni verso suelto ni libertad: lo que ha hecho Álvarez de Toledo es minar el proyecto que debía defender, auxiliando a sus rivales mientras se promocionaba a sí misma.

 

 

La historia de Cayetana Álvarez de Toledo con Pablo Casado ha terminado mal. Era una crónica anunciada desde que el presidente del PP anunciase su fichaje como portavoz parlamentaria, para estupor de buena parte del partido. Tantas voces señalaron entonces el error que cometía, que casi lo que más le ha costado en estas horas ha sido tener que reconocer públicamente su desacierto.

No es que Álvarez de Toledo haya ejercido de verso suelto y presumido de ello desde un puesto que debía ser la línea más directa de conexión entre la forma de ejercer la política del presidente del Partido Popular y su Grupo Parlamentario.

Ha ido mucho más lejos, confundiendo su legítima adscripción a una determinaba corriente ideológica del centroderecha con un empeño diario y público por llevar la contraria a la dirección de su formación.

En ocasiones, incluso boicoteando los grandes anuncios de Casado, o cayendo en las trampas que le ponían el PSOE o Podemos, o agitando batallas internas que tanto tiempo ha dedicado a cicatrizar el líder. Como cuando acusó a los populares vascos, admirados en todo el partido, de vivir confundidos con el paisaje nacionalista.

La "valía"

 

Nadie en Génova  ha puesto nunca en duda la valía intelectual de Cayetana. Tampoco sus convicciones. Eso sí, muchos dudaron de que su perfil combinara bien con la estrategia de Casado de centrar el PP para ensanchar su espacio ideológico, según anunció tras llegar a su cúpula.

 

 

Pero tal vez la gota que hizo rebosar el vaso y le ha costado la portavocía en el Congreso es haber confundido la defensa de sus convicciones con una patente de corso para “ir por libre”. Cayetana ha ejercido de portavoz de sí misma.

Jamás ha sido la voz del PP ni de la dirección de sus siglas. Y al final, ha acabado cometiendo el peor error en un cargo político de responsabilidad: la deslealtad con quienes la nombraron.

¿A Prisa?

No será porque Casado y Teodoro García Egea no hayan demostrado dosis de paciencia durante meses. Pero denigrar precisamente en “El País” al secretario general y enmendar las decisiones del líder es algo que la cúpula de un gran partido jamás puede aceptar. La cosa ha terminado como el Rosario de la Aurora: en desbandada tumultuaria.

Eso sí, a ella visión política no le falta. Si dio tal paso, ir a Prisa a quejarse, seguramente fue porque sabía que su cese ya estaba decidido y sólo faltaba ponerle fecha.

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