18 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Las últimas horas de Rajoy: se desahogó con su equipo y se tomó varios whiskies

La sobremesa en ese céntrico restaurante madrileño del que no salió en toda la tarde fue triste, pero sin melodramas. Rajoy necesitaba compañía, y los suyos no le fallaron. Una vez más.

No podría haber un guión más marianista para el final de la Presidencia de Mariano Rajoy que el que eligió en este jueves trágico en el PP

De larguísima sobremesa -hasta las 22 horas- en el reservado de un céntrico restaurante madrileño, Arahy, mientras Soraya Sáenz de Santamaría le guardaba el escaño y María Dolores de Cospedal se partía la cara por él una vez más, encargada de defender ante la prensa por qué no dimitía.

De nuevo ellas, sus dos fieles escuderas, achicando agua de un barco en el que irremediablemente las está hundiendo con él, a la espera de que la carrera sucesoria se abra en canal, una vez transcurrido el luto. 

La tarde en ese restaurante de la calle Alcalá fue triste, pero sin melodramas. A Rajoy nunca le han gustado. Ni siquiera cuando a punto estuvo de irse todo al carajo en aquellos meses convulsos de 2008, tras perder ante José Luis Rodríguez Zapatero por segunda vez.  

El presidente se hizo acompañar a la mesa por varios miembros de su círculo monclovita, con José Luis Ayllón, Carmen Martínez Castro y Sergio Ramos a la cabeza. Así como ministros como la propia Cospedal, Dolors Nadal, Fátima Báñez e Íñigo Méndez de Vigo. No quería estar solo. No esa tarde.

Cuentan quienes allí estuvieron que el presidente se desahogó y ahogó las penas. Siete whiskies se tomó, dicen. En ningún momento tuvo intención de volver a su escaño, y envió a la secretaria general del partido a que explicara por él por qué no dimitir era mejor que hacerlo. 

Ya había dicho -según él- todo lo que tenía que decir por la mañana. Cuando le recriminó a Sánchez que quisiera gobernar a cualquier precio y al resto de diputados les pidió que fueran "absolutamente conscientes" de lo que iban a hacer.  

Su intención es quedarse como presidente del grupo parlamentario popular, volver a ocupar ese despacho de la primera planta del edificio noble del Congreso que le está reservado al líder de la oposición y que ya ocupó en los tiempos de Zapatero

Sin embargo, él más que nadie es consciente de que toca ir organizando su relevo, porque el PP está a un año de las elecciones municipales, autonómicas y europeas. Y seguramente generales también.

El martes, cuando Rajoy empezó a intuir que el PNV no le iba a salvar de ésta, uno de sus más estrechos colaboradores afirmó gráficamente ante ESdiario: "No se irá. Sólo saldrá de La Moncloa con los pies por delante". Su final ha sido el peor posible. 

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