03 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Irene Montero, vivo ejemplo de que la mujer en España no es una víctima total

El feminismo de Podemos es una excusa más, la enésima, para aplicar su ingeniería social, apropiándose de banderas nobles y transversales para generar bloques y división.

 

 

Irene Montero ha impulsado, con prisas incompatibles con el mínimo rigor y urgencias relacionadas con sus intereses políticos, una Ley de Libertad Sexual cuyo mero nombre ya es una mezcla de arrogancia y despropósito insoportable.

Que cualquier político, pero especialmente uno recién llegado, se sienta autorizado para intervenir a hasta en las zonas más íntimas de los ciudadanos, siquiera retóricamente, lo dice todo de la prepotencia e injerencia de unos dirigentes intervencionistas hasta extremos desconocidos y convencidos de que su visión de la vida y de todo ha de convertirse en la guía legal de la sociedad.

No es inocente el plan de Podemos, aceptado por un PSOE que vuelve a demostrar así su dependencia extrema de sus socios, sean populistas o soberanistas. Y no hay que tener reparo en decirlo por mucho que alguno lo utilice para negar la formidable unanimidad de la sociedad española en el problema de fondo: la defensa de la mujer de los múltiples agresores que la acechan.

Que se sienta más legitimada para hablar de ese problema la misma dirigente del mismo partido que rechaza la prisión permanente o mira para otro lado ante la explotación sexual de menores en Baleares, enmarca a cada uno en el sitio correcto y desvela las verdaderas intenciones de los promotores de una ley estrictamente publicitaria.

 

 

Porque no se trata de paliar la lacra de la violencia y del machismo, sino de hacer una caricatura ideológica de España según la cual la mitad de la población es potencialmente un verdugo y la otra mitad, víctima. El enfrentamiento entre bloques, sean hombres y mujeres, casta y pueblo o cualquier otro binomio forma parte del espíritu fundacional de Podemos, que busca apropiarse de barreras transversales para mejorar su rendimiento electoral.

El ejemplo es ella

La de la mujer es de las mejores banderas a ondear, pero si algo necesita esa causa es más rigor y menos demagogia. Hay pocos lugares en el mundo mejores que España para ser mujer, como demuestran todos los estudios oficiales elaborados en los últimos años. Y no se mitigan los problemas y agresiones que sufren, siempre cometidos por una minoría, exacerbando el discurso ni legislando a la carta contra enemigos imaginarios.

El mejor ejemplo de ello es la propia Montero, una mujer sin oficio conocido que ha llegado, en esta misma España donde los problemas existen pero no por razones de género, a las más altas cimas de retribución salarial, ahorro, patrimonio y posición social.

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