26 de febrero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Ábalos debe dimitir y Sánchez dar explicaciones urgentes de qué trama

El dirigente del PSOE mintió de forma descarada y reiterada para tapar su sospechosa reunión con la vicepresidenta chavista. Y Sánchez tiene que explicarlo en sede oficial.

 

 

El ministro de Fomento, José Luis Ábalos, debió de presentar su dimisión nada más conocerse que había mentido, con un descaro impropio de su cargo, unas horas antes y en un asunto bien delicado: negó haberse visto con la vicepresidenta de Nicolás Maduro para reconocer, acuciado por las evidencias, que sí había estado con ella.

Solo por esta mentira, completada por otras sobre los detalles del encuentro que se demostraban igual de falsas al poco de pronunciarse, Ábalos no puede seguir en el Gobierno de España ni un minuto más.

Su desprecio y altivez, paseados en público al ser cuestionado por periodistas, no solo evidencia que no piensa hacerlo, sino que demuestra tener la protección absoluta de su partido y del presidente Sánchez.

 

Un indicio, amén de la impunidad con que este Ejecutivo y en particular su máximo representante, de que en todo momento Ábalos intervino en el chusco episodio en Barajas con el impulso y la autorización oficial de su jefe.

Si escandalosas son las mentiras, no menos dignas de dimisión son los hechos en sí: reunirse de manera furtiva con una enviada de Nicolás Maduro tratada a cuerpo de Rey y saltándose las leyes europeas es de una gravedad extrema.

 

 

Y Hacerlo mientras se denigra a Guaidó, presente en España en fechas coincidentes, y tras el insólito incidente en Bolivia de hace escasas semanas, alcanza la categoría de bochorno sin precedentes y es digna de intervención de la Unión Europea -¿o acaso Borrell en su nueva función va a ejercer antes de amigo de Sánchez que de Comisario de Exteriores?- y desde luego del Congreso.

Sea con una Comisión de Investigación como la que sugiere la oposición, con un pleno monográfico en el Congreso o con las dos cosas, esto no puede quedar impune y sin explicación. Porque más allá de los hechos en sí, constitutivos ya de un abuso intolerable, queda en el aire una inquietante pregunta.

¿Para qué fue la reunión?

Sabemos lo que pasó, pero no por qué ni para qué. Y teniendo en cuenta que el Gobierno está conformado y se sustenta en el respaldo de un partido, Podemos, defensor histórico del régimen chavista y de su clon en Bolivia, es razonable temer que haya algo más. ¿Es de repente España cómplice de esos peajes de Iglesias? ¿O acaso el PSOE busca munición contra su socio para usarla llegado el caso?

Que las preguntas sean razonables es suficiente para no dejarlas sin respuesta. Por mucho que a Ábalos, y no digamos a Sánchez, la transparencia, la rendición de cuentas y el respeto a la ciudadanía les parezcan una molestia sin otro cometido que molestarles y perturbar su peligrosa tendencia al cesarismo.

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