20 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Una respuesta contundente para el nacionalismo más ultra y xenófobo de Europa

Cataluña tendrá un presidente de discurso golpista e ideología racista que deberá ser respondido, con un 155 más duro, si intenta cumplir lo que ya ha proclamado de manera indigna.

 

 

Más allá de las ilegalidades que ha cometido su predecesor y las que él mismo ha anunciado que cometerá, conviene insistir mucho como preámbulo en la identidad ideológica de quien, gracias a la CUP, se va a convertir en nuevo presidente de la Generalitat: Quim Torra es el peor representante de la ultraderecha en toda Europa, un político racista y xenófobo, incompatible con el más elemental canon democrático, que ha dejado un reguero de declaraciones y escritos supremacistas contra todo aquel español, catalán o no, que no cree en la independencia.

Para entender la catadura del personaje, basta por cambiar el objeto de sus abyectas proclamas y sustituirlo por otros grupos étnicos, religiosos e ideológicos e imaginar cuál sería la reacción unánime del mundo civilizado. ¿Qué se diría si llamara "bestias" a los chinos? ¿O tratara de raza inferior a los negros? ¿O considerara que las mujeres no saben lo que tienen que pensar ni los musulmanes lo que hay que decidir?

Más importante que discutir sobre este 155 es preparar el siguiente, más duro, si a las palabras de Torra le acompañan los hechos

Con esas palabras exactas u otras parecidas se ha referido Torra a los españoles durante años; y con ese bagaje va a suceder a Puigdemont, auspiciado, a más inri, con un partido de ultraizquierda medieval que va a hacerle, paradójicamente, representante de todos los catalanes, gestor de un presupuesto de 34.000 millones de euros, jefe de 165.000 funcionarios  y máximo responsable de los 17.000 Mossos que velan por la seguridad ciudadana.

La marcha de Selma

Para encontrarse un político similar, hay que retroceder a la América de los años 60 y al gobernador de Alabama. George Wallace, autor de una de las frases más deplorables de la historia que encaja perfectamente en el ideario del nacionalismo en general y de Torra en particular: "Segregación ahora y segregación siempre", referida al derecho al voto de los negros y detonadora de las tres marchas de Selma a Montgomety que hoy en día conformar el Sendero del Derecho al Voto.

 

El nacionalismo y Torra tienen un discurso similar al del KKK y su segregación racial, ideológica o por creencias

Que con ese pasado y ese discurso propio del Ku Klus Klan vaya a llegar a la presidencia resulta frustrante y estimula, sin duda, la sensación de que algo debería haberse hecho para evitarlo y, desde luego, para sostener en vigor la intervención constitucional del artículo 155.

Pero la democracia es procedimiento o no, y se sustenta en una ley incontrovertible que ha de respetarse siempre. En ese sentido, el mandato del Senado decae con la investidura de un nuevo presidente, y por mucho que existan dudas al respecto de la capacidad del Gobierno de España de haber frenado el voto delegado de dos prófugos; lo cierto es que antes o después el 155 hubiera declinado y, antes o después también, un personaje similar a Puigdemont hubiese alcanzado la presidencia.

La respuesta

Por eso, más importante que frenar el acceso de Torra o discutir sobre el mantenimiento de este 155, es preparar la nueva respuesta institucional para el caso de que el soberanismo mantenga un pulso que, entre otros muchos desperfectos, le genera uno a sus propios cabecillas en prisión preventiva: todos ellos hubieran podido salir -algo deseable que no presupone el resultado de sus juicios- de haberse aceptado desde la Generalitat el marco constitucional; pero es inviable su liberación si las instituciones que se encontrarían en la calle insisten en reincidir en los delitos.

Preparar un nuevo 155 más enérgico, que incluya esta vez el control de la deplorable TV·3 y la intervención de la educación pública, altavoz la primera y herramienta la segunda de una deplorable construcción nacional fascista, es mucho mejor que enredarse en disquisiciones sobre un capítulo ya agotado o a punto de estarlo. Y a esa tarea han de consagrarse PP, Ciudadanos y PSOE, sin medias tintas ni discusiones que debilitan a España y refuerzan al nacionalismo más soez de Europa.

 

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