¿Estamos a tiempo de evitar el desastre?

En Alemania y Austria se llega o supera el 60% en gestión y reutilización de los residuos municipales, mientras que en España apenas alcanzamos el 30%, y en Rumanía un escuálido 15%

El ser humano es, con diferencia, la especie que mayor impacto ha generado sobre el planeta, sus recursos y su clima. Con el aumento cada vez más acelerado de la población mundial, que en 2018 llega a los 7.500 millones de personas, la presión se hace cada vez mayor una tierra y unos mares esquilmados en muchas regiones. Además, los cambios en el clima amenazan con volverse irreversibles y causar efectos catastróficos a medio y largo plazo.

 

Desde el ámbito de la ciencia, hace mucho tiempo que se ha dado la voz de alarma y se ha llamado a tomar medidas para detener este proceso antes de que supere un punto crítico de no retorno. Diversas medidas se han tomado en el pasado, y se toman cada vez más actualmente, para evitar el uso de determinados químicos o prácticas agrícolas, ganaderas o pesqueras que no garantizan la sostenibilidad de los recuersos naturales.

 

Sin embargo, la preocupación mundial por el clima es relativamente reciente. En 1972 se celebró la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Humano, que supuso un punto de inflexión el tratamiento internacional de los asuntos medioambientales. A esta le siguieron, entre otros, la Conferencia Mundial sobre el Clima (Ginebra, 1979), la adopción de la convención de cambio climático (mayo 1992), la Cumbre de la Tierra (Rio de Janeiro, 1992), la adopción del Protocolo de Kioto (1997) y las sucesivas cumbres que culminaron en el Acuerdo de París de 2015.

 

Parece una historia de éxitos, vista la cantidad de reuniones y acuerdos celebrados, pero solo hasta que se examinan y se confirma la terrible sospecha que, en su mayoría, hablamos de acuerdos de mínimos y sin medidas sancionadoras reales para el caso de incumplimiento, lo que deja en manos de un voluntarismo extremo una cuestión de la que depende la supervivencia de la raza humana.

 

Estados Unidos, uno de los mayores contaminantes del planeta, ya se ha salido dos veces de los acuerdos internacionales contra el cambio climático. La primera, cuando George W. Bush retiró a Estados Unidos del proceso de Kioto, y la segunda, en junio del pasado año, cuando Donald Trump hizo lo propio en relación al Acuerdo de París.

 

Esta es una actitud muy peligrosa que abre la puerta a una huida en masa de otros países que, como China, son también grandes contaminantes; otros, como India, ante esta retirada mostraron su voluntad de cumplir e "ir más allá" del Acuerdo. Actitud muy loable, toda vez que India es el cuarto mayor contaminante mundial, seguido de Brasil. La UE en conjunto ocupa el tercer puesto de este ranking.

 

La UE se ha comprometido en el Acuerdo de París a reducir las emisiones en un 40%, en relación con los niveles de 1990. Para alcanzar este objetivo defiende, entre otras medidas, aumentar la cuota de energías renovables mejorar la eficiencia energética de las edificaciones. Esta último no es una cuestión baladí, puesto que el 40% de toda la energía consumida en la Unión sirve para enfriar o calentar edificios. Reducir las pérdidas de energía al hacerlo, supondría, aparte del lógico ahorro, una menor emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera.

 

Otro frente es la gestión y reutilización de los residuos municipales, reciclándose o compostándose en torno al 47% en la UE, pero con fuertes variaciones según según el país. En Alemania y Austria se llega o supera el 60%, mientras que en España apenas llegamos al 30% y en Rumanía un escuálido 15%. Su mejor aprovechamiento evitaría el despilfarro y la necesidad de importar más materias primas de las estrictamente necesarias.

 

¿Estamos a tiempo de evitar el desastre?

 

*Politólogo y abogado.

 

 

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