28 de febrero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El discurso del Rey fue bueno para Pedro Sánchez, ¿pero y para España?

Don Felipe fue serio y moderado, pero con un contexto menos negativo que el de ahora dio un discurso más contundente el 3-O. Se entiende su discreción, ¿pero podrá mantenerla?

 

 

El Rey dio tal vez su discurso de Navidad más esperado y difícil desde que llegara al trono en 2014, en un complejo proceso de abdicación de don Juan Carlos, víctima de sus propios errores, insignificantes al lado de sus aciertos, y de los vientos populistas que soplaban con tanta fuerza por entonces.

Nada de lo que dijo don Felipe en Nochebuena tiene tacha: habló de España con orgullo, hizo guiños a la Constitución, posó con el retrato de su sucesora con una intención clara, se acordó de los jóvenes y de su galopante desempleo y enlazó con asuntos tan candentes como el cambio climático, dando la misma imagen de seriedad y saber estar de siempre, tan añorada en tantos otros cargos públicos con demasiada frecuencia.

Pero conviene resaltar que, por mucho que sea el Jefe de Estado y por importante que sea su ascendencia entre la ciudadanía; sus ideas y reflexiones se enmarcan siempre en un corsé institucional muy definido y en una dependencia del Gobierno de turno que, en definitiva, condiciona -cuando no dirige- la alocución real hasta hacerla casi propia.

 

Por eso probablemente Felipe VI no pudo parecerse, siquiera remotamente, al que lanzó el 3 de octubre de 2017 su discurso más sonado, tras el referéndum ilegal promovido por Puigdemont, cuando intervino con rotundidad en defensa de la democracia, el Estado de Derecho y la Constitucion que regulan la convivencia y definen a la gran Nación que es España.

A España le hubieran venido bien otras palabras más claras de don Felipe. Pero no a Pedro Sánchez, único beneficiario de un discurso que de algún modo enlaza con sus planes.

Ocurre que las razones que promovieron aquella celebrada alocución no sólo no se han disipado, sino que se han desatado y están en su clímax: el independentismo sigue con la misma hoja de ruta, pero además tiene un papel decisivo en la investidura del que probablemente sea renovado como presidente del Gobierno.

Bien... para Sánchez

Si con el 155 ya sobre la mesa y una unidad clara, al menos en esto, de los dos grandes partidos, el Rey vio necesario recalcar la hegemonía de la Constitución y reclamar que se desplegaran todos los poderes del Estado para imponer su vigencia, ¿cómo no va a tener sentido que lo repita y refuerce ahora que el separatismo se siente interventor de La Moncloa e interpreta fallos menores de tribunales europeos como una legitimación de su desafío?

A España le hubieran venido bien otras palabras más claras de don Felipe. Pero no a Pedro Sánchez, único beneficiario de un discurso que de algún modo enlaza con sus planes. Que no son otros que conceder al independentismo la mayor influencia de su historia en el peor momento para España. Quizá el Rey, si se confirma esta inquietante deriva, no pueda volver a callarse lo que piensa.

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