24 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Soto Ivars arroja un baño de realidad a las "señoras" que preocupaban a Montero

Irene Montero.

Irene Montero.

Hay gente convencida de que el virus te mata más por ser catalán por culpa de los españoles, o de que mata a españoles por culpa de los chinos, o de que se ceba con las mujeres...

No solo han cambiado muchos las cosas en cosa de un mes, también han cambiado las prioridades y el Covid-19 nos ha puesto a todos en un nuevo lugar. Juan Soto Ivars, por ejemplo, recuerda con nostalgia en su columna de El Confidencial "las bobadas que nos enfadaban hace un mes" y que muestran a una sociedad "mimada" hasta la "estupidez colectiva" cuando la gráfica del contagio crece y los medios materiales escasean: que si un chiste podía blanquear la discriminación de millones de personas, que si la homosexualidad estaba acabando con la familia, que si sonarse con una bandera parecía un daño más grave a la patria que recortar en sanidad, que si el padecimiento se cifraba en microagresiones, que si un cuadro colgado en un museo suponía una amenaza para la igualdad...

Para el periodista, "habíamos olvidado lo que es la incomodidad y habíamos asumido la idea de que la sociedad es un banco que nos lo debe todo y todo nos lo niega". 

Sin embargo, matiza, "hoy quizá tengamos un poco más claro que la sociedad no es un banco, y tampoco un supermercado infinito, sino un conjunto de personas distintas e iguales, obligadas a arrimar el hombro. Hoy quizás está un poco más claro que cualquier decisión egoísta puede derribar fichas de dominó que aplastarán a otros sin que nos demos cuenta" y las " calles están vacías por una amenaza real".

Y es que "el virus no discrimina a nadie. No le importa que seas mujer, español o catalán, homosexual o de derechas. Hoy una joven transgénero con cáncer que vota a Podemos y un octogenerio heterosexual que vota a Vox están en la misma posición de desventaja ante el virus por cuestiones que nada tienen que ver con su género, ideología o religión".

Aunque ahora sabemos lo que vale la fraternidad y sus muestras se están viendo por todas partes (en Twitter, entre fabricantes y trabajadores de distintos sectores, en los rellanos de las escaleras de vecinos, en los balcones todos los días a las ocho) lo "estafadores también buscan palancas para enriquecerse mientras un sector de la prensa y la política es pasto de los oportunistas. Hay gente convencida de que el virus te mata más por ser catalán por culpa de los españoles, o de que mata a españoles por culpa de los chinos, o de que se ceba con las mujeres por culpa del patriarcado. La trifulca política vuelve a resonar tras el coro apagado de la unidad". 

Para finalizar, asegura que "es cierto que el equipo de Pedro Sánchez ha cometido negligencias, pero ninguna me parece tan grave como la que tuvo, precisamente, causas identitarias. La patrimonialización de la mujer por parte del Gobierno de Sánchez es lo que llevó a que la ministra del 'nosotras' lanzara a esas señoras que tanto dicen preocuparle a llenar las calles en la manifestación del 8 de marzo. Esto se hizo con la connivencia del Ministerio de Sanidad, que sabía que los datos eran ya en esos días especialmente preocupantes en Madrid. Solo esto ya debería ser suficiente para desacreditar el populismo identitario en el futuro".

En resumen: "El coronavirus ha sido el mayor baño de realidad que ha conocido la humanidad desde que muchos tenemos memoria".

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