Valencia: más de cien años cazando el voto con coche

Adolfo Beltrán Ibáñez, del Partido Unión Republicana Autonomista de Valencia, se encargó de planear y llevar a efecto la primera caravana electoral registrada en España con un automóvil. Acompañado de varios compañeros, recorrió la provincia de Valencia en las elecciones generales de 1910 pidiendo el voto con hasta dos mítines al día.

En 1910, los republicanos valencianos inauguraron el uso del automóvil como instrumento electoral, con lo que podían realizar varios mítines al día. Su discurso, valencianista, republicano y anticatalanista, logró cautivar a miles de votantes, logrando un escaño, elección tras elección, en las Cortes Generales.

Valencia se adelantó a España a la hora de entender la democracia como una soberanía que pertenecía al pueblo. Lejos dejaba el caciquismo de Barcelona o el centralismo de Madrid. Vicente Blasco Ibáñez comprendió el hecho democrático como pocos e impulsó una nueva forma de entender la política basada en referencias permanentes al pueblo y en satisfacer sus demandas. Con estas ideas, confluía con otros movimientos similares que estaban creciendo en el resto de Europa.

Blasco Ibáñez introdujo en España, a través de Valencia, modos y formas novedosas con respecto a la práctica de la democracia. Así, fue el primero de los políticos de inicios del siglo XX en “patear” la calle, en conocer todos los barrios de la ciudad y los pueblos de la provincia, en dar mítines sin descanso o en escribir diariamente en el periódico. El resultado de esta intensa actividad fue su elección hasta “siete veces” como diputado a Cortes.

Entre las novedades que puso en marcha en las campañas electorales estaba la de las “Caravanas electorales”. Comprendió que el uso del coche era fundamental para poder multiplicar su presencia en barrios y pueblos y ordenó a sus compañeros de partido que lo usasen de forma habitual.

Uno de los primeros en comprender el potencial del vehículo de cuatro ruedas fue Adolfo Beltrán. En las elecciones de 1910, convocadas por José Canalejas, solo podían votar los hombres (sufragio masculino). Beltrán, junto a Félix Azzati, a la sazón líder del partido, programó una serie de caravanas para consolidar el voto que le permitiera acceder a representar a los valencianos en Madrid. La caravana, conducida por Adolfo Beltrán, llegó a realizar hasta dos y tres actos en el mismo día. En la víspera de las elecciones, el 7 de mayo de 1910, visitaron Sueca y Cullera Santacruz, Gasset, Barral, Jiménez de Bentrosa, Azzati y Beltrán. Un viaje en coche que les costaría ni más ni menos que hora y media. Hoy día, apenas se tarda media hora en realizar el mismo trayecto. A renglón seguido, montaron en su coche y se dirigieron a Cullera. Un viaje que hoy serían poco menos que 15 minutos y que, en 1910 se dilató a más de media hora. En parte, también, debido al recibimiento que colapsó la carretera mucho antes de la entrada a Cullera.

Del mismo modo, visitaron también Albalat, Patraix y un largo número de poblaciones para consolidar el éxito electoral. Era la época dorada de los mítines, con la asistencia masiva de la población. Concentraciones en pueblos pequeños de más de 2.000 personas que permitieron poner en marcha mecanismos más modernos como la elevación de los políticos para mejorar la audición y la visualización del conferenciante, o el uso de la luz y la electricidad de forma dinámica. Todo ello se unía a al discurso de reivindicación valencianista, anticatalanista, de corte popular, dirigido a una masa de población industrial, republicana y con tintes anticlericales. Incluso el candidato Azzati llegó a propiciar algún altercado al interpretarse como un insulto unas declaraciones sobre la Virgen de los Desamparados. ¡Hasta tuvo que intervenir el arzobispo Guisasola!

Con el tiempo, a la maquinaria electoral se unirían los carteles, los panfletos, la radio, la megafonía, y un largo etcétera. Sin embargo, fueron los blasquistas, con Beltrán a la cabeza, quienes comenzaron a usar el automóvil como instrumento para una campaña electoral.

Vicente Javier Más Torrecillas. Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. Doctor en Historia Contemporánea. 

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