27 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Por qué Cayetana nunca tuvo que aceptar un cargo del que la han despedido

Cayetana Álvarez de Toledo

Cayetana Álvarez de Toledo

La política es una trituradora de talentos y el caso de la ya exportavoz del PP es de libro. Éstas son las razones de fondo en la crónica de una salida anunciada.

 

 

Cayetana Álvarez de Toledo se ha despachado del cargo de portavoz parlamentaria del PP, con la alevosía veraniega que confiere el periodo entre sesiones, donde sus señorías descansan del frenético trabajo de actuación y simulación que desarrollan durante el periodo de actividad parlamentaria -hoy me he levantado irónico-. De hecho, ha entrado, como ha salido, por el techo y sin pasar por las plantas de la burocracia del partido. La crónica de una ruptura anunciada, para muchos, desde el día que llegó. 

No cabe duda que fichar a una persona con talla intelectual, trae consigo un cierto lastre. Sus ideas son su patrimonio; pero inescindiblemente, un ser crítico es, necesariamente, un ser libre. El adocenamiento, las servidumbres del partido, son la antítesis del modelo racional.

Un político de cantera en España, de los de las “estructuras del partido”, tiene en sus muñecas un resorte preparado siempre para las ovaciones, sea porque se gana; porque se pierde y hay que apoyar al líder; o porque otro a su lado aplaude, y hay que competir en quien es más ferviente devoto. 

El aparato de los partidos es un régimen feroz, burocrático, asentando en una lucha de permanente poder, de todos contra todos, para implantarse, asentarse o simplemente, no ser fagocitados. Imagínense ustedes cuando CAT (me encanta esa abreviatura para Cayetana, por tocar las narices a los de la llevan en el coche, sobre la matrícula legítima de España), apareció como el paracaidista que lleva la bandera, el día del desfile de la Fuerzas Armadas.

Lamentablemente, creo que ha sufrido un percance semejante al que el abnegado profesional tuvo que padecer, por culpa de una farola del demonio y un mal viento. En este caso, su farola ha sido un secretario general (orgullosamente reservista, lo que le alabo), con ganas de ser más “general” que secretario en su partido, como es García Egea

CAT representaba en su aterrizaje en el PP, una confianza de Casado en dos axiomas: ideas y firmeza expositiva. Fue un golpe de autoridad, del que se ha tenido que desdecir. Vino a ser una suerte de heroína del verbo sagaz y libre, para salvar a la derecha de la pérdida de sus “esencias”.

Menos “rajoyismo”, más “aznarismo”. Sin embargo, eso es la teoría. En realidad, creo que ella nunca entendió las verdaderas razones para qué se le designó en ese cargo, y por tanto, no lo pudo nunca desarrollar “adecuadamente”, a juicio del partido.

 

Ser portavoz le queda muy, muy pequeño, a alguien que no se conforma con decir lo que otros le dicen que diga (que eso es un portavoz, por definición), sino que pretende regir lo que hay que decir (que es más bien lo que el presidente, secretario general o un vicesecretario de carácter ideológico desarrolla). 

Es decir, CAT es cierto que es una excelente francotiradora, tiene una lengua afilada, que le aporta, precisamente, su valor. Una “miura”, que diría de ella Verstrynge. Aúna ideas con la necesaria acidez, para penetrar las rocosas caretas de los oponentes, de piedra en muchos casos. Pero el problema es que, reitero, su puesto no conlleva un perfil intelectual, sino de ejecución, de acción-reacción.

No está en el “Estado Mayor”, sino en la trinchera, donde no se piensa, se dispara a donde se ordena, cómo y cuando se dice por la superioridad. Así, se debe hacer bajo ciertos códigos de forma y fondo, que CAT rompe en pos de la firmeza argumental y la verdad, si es preciso... Craso error. 

Fíjense en quienes son sus homólogos: Lastra de PSOE (que buen apellido, para lo que hace en política cada vez que habla, si no fuera porque su nivel intelectual coincide con el de su votante medio, lo que le hace idónea para ese segmento); Rufián de ERC (ídem, le va que ni al pelo también su apellido); Bal de C’s (que, aun siendo persona formada, cada vez suena más a un actor amateur del Tenorio, con discursos tan impostados que, siendo buenas ideas, se venden como anuncios del Mediamarkt -me encantaría ver a Melisa Rodríguez o a María José Calderón en esas mismas lides, qué diferencia-).

 

 

Y Esteban del PNV (ideas, pocas y viejas, bien presentadas siempre, con oficio, aunque éstos ya no saben si son monárquicos o carlistas, o de misa diaria, pero su axioma es claro: sacar el datáfono cada vez que pueden, a derecha e izquierda, para cobrar la pernada de una diferencia histórica que está, más que saldada, en claro déficit de País Vasco al resto de España).

De Podemos, nada que decir. Es un partido que de asambleísta y de democracia interna, tienen lo que yo de voto de pobreza. Lo forman Pablo, Irene y unos pocos amigos (en la cúspide de la Nomenclatura), seguidos de una amalgama descompuesta y amorfa, trasunto de izquierdistas trasnochados, adolescentes desinformados, parados hastiados, ricos acomplejados y universitarios infantiloides.

Les repele el dinero que no esté en su bolsillo; la riqueza que no sea propia; la patria, concepto que usan como el papel higiénico, con la se tapan sus vergüenzas o se limpian el trasero, según proceda. 

Permítanme, como crítica global, que seguro admite algunas excepciones (actores que se creen el papel que interpretan, que los hay, y sufren en lo personal), advertir como el Parlamento español es la viva imagen de la “Mediasetización” de la sociedad.

Una casa que antaño escuchó a Castelar y hogaño a Rufián, no puede decirse que siga siendo un templo de la palabra, sino una casa con vicios ruinógenos, donde no hay ideólogos sino guionistas y analistas de mercado político; donde los discursos, sin leer y con cabeza, dan paso a tener que sacar pictogramas y camisetas con rótulos, como una involución a la etapa primitiva, donde eran preceptivos los iconos para que el pueblo analfabeto entendiera la Palabra. En fin, una política reality, ovaciones de opera bufa, caricaturas con patas. Algunos se salvan, por supuesto. Mi aplauso a Arrimadas u Oramas, por citar dos ejemplos de respeto y buen hacer.  

 

En ese templo del buen gusto, de la palabra fina y exacta, CAT se creyó, o eso dice, que entró en política para ser libre. Sería la primera persona que lo hace en toda la Historia. Por definición, un político adscrito a un partido es mucho menos libre que un militar en un cuartel o que un fraile en un convento. Ni siquiera puede vestir como quiera.

Eso, para empezar. Ya de discrepar de las ideas, ni se hable. Un partido no es el seno de la libertad de expresión, sino un cauce de expresión de ciertas ideas, debidamente consensuadas entre los miembros rectores, filtradas bajo una serie de tamices -oportunidad, estudio de lo que dice el contrario…-, para captar un número de votantes superior al rival, a fin de alcanzar las poltronas respectivas. No es un ágora, es un cuadrilátero. Eso es lo que se ha convertido, tristemente. 

El político en España, hoy, no puede pretender hacer mejores a los ciudadanos con sus ideas, para elevar el debate, para contraprogramar culturalmente. CAT tiene en demasiado alta estima al español medio, a nuestra incipiente democracia (a pesar de que nos creamos dignos de dar lecciones a otros países) y nuestra capacidad crítica colectiva.

Ella no podía

Si en España,  el electorado hubiera esa visión estratégica de ideas y de contrapesos de poder, ni Ciudadanos hubiera sacado ese pésimo resultado (es un partido mucho más necesario y válido que lo que sus cifras ofrecen, a mi entender); ni el centro-derecha se habría erosionado, porque el presunto “castigo” de VOX al PP, ha facilitado también un gobierno de pesadilla para cualquier votante del centro, de la derecha e incluso, a muchos sensatos del centro-izquierda (que los hay, se lo aseguro), a los que les está dando mala gana lo que ven, como decimos en Aragón.

No saber jugar con las alianzas, con las circunscripciones, se embarran en discursos cainitas… Eso pasará una factura, que puede llevarnos varias legislaturas restañar. Veremos si España soporta tanto Redondo, Iglesias y Sánchez. 

Así pues, CAT no podía portar la voz de una formación con la que disiente en formas y cuestiones de fondo, de estrategia. Eso es una razón de peso que avala la decisión de Casado. No tiene sentido que la portavoz tenga una fricción constante con el partido cuya voz porta, valga el quiasmo.

No obstante, la indisciplina de CAT, con su entrevista en El País, creyéndose libre de opinar (insisto, muy ingenua o demasiado lista), ha sido ya la gota que colma el vaso, tras los rifirrafes con País Vasco, con García Egea y con el apuntador. A la par, le faltaba, tras de sí, todo un aparato de partido que sustentara su figura. 

Caer del cielo hasta el techo, como la estrella del árbol de Navidad, sin pasar por las duras ramas de las camarillas partidistas, de las canteras, tiene eso. Se lo dice uno que fue canterano en aquellos lares, y desertó de tal misión, cuando vio el percal que había en los partidos. Iba tan poco a las reuniones, porque me parecían más una catequesis que un debate de ideas. Así, me desencanté, por suerte, a las primeras de cambio.  

El debate crítico

El político está en la obligación de captar votos, y ello, en la medida que España es un país donde la política es como el fútbol y el fútbol como la política (es decir, de mi equipo, manque pierda), donde cada vez hay más hooligans y menos amantes del debate critico.

 Decía Voltaire que cuando un diplomático (igual vale para el político), dice sí, quiere decir quizás; cuando dice quizás, quiere decir no; y cuando dice no, no es diplomático (o político, como quieran). CAT sabe decir no cuando es sí.

No es políticamente “correcta”, ni comulga con la tibieza ni con el silencio por imperativo, que son imprescindibles en el sistema actual de partidos, en todos. Por ello, no era la persona adecuada para ser portavoz. De hecho, resulta patético ver a VOX intentar captarla ahora con cantos de sirena. Sería impropio de ella pasar a las filas de aquellos a los que ha criticado, con argumentos, por su nacionalismo acérrimo y por su primario populismo, para llevar la política del cerebro a las gónadas.  

Buena fortuna CAT, vuelve a las columnas, donde eres muy buena. Escribe y sé libre. Nunca debiste aceptar ese cargo, me atrevería a decirte a “toro pasado” (por lo de Miura). Se queda pequeño para quien quiere pensar, proponer y convencer, acertada o equivocadamente, nuevas líneas. Nunca el timonel puede marcar el rumbo. Egea sí sabe de disciplina. Ahora tú, quizá gracias a él, también.   

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