“Lo normal” en violencia de género

" Tras informarle de que había una denuncia contra él por llamar “zorra” a su novia y por propinarle varias patadas, el chico me interrumpió: “Sí, vamos, lo normal”"

Aún no habíamos acabado de asimilar la muerte de Jessica, asesinada en Elda por su expareja en presencia de su hijo de 4 años, cuando de nuevo la violencia de género ha vuelto a golpearnos cruelmente. Ni la peor de las bestias sería capaz de degollar a una niña de 2 años.

Recientemente, el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción hizo público un estudio según el cual el 27,4 % de los jóvenes de entre 15 y 29 años consideraba “normal” la violencia de género en una relación de pareja.

El dato me recordó una conversación que mantuve hace tiempo con un joven de 21 años de un municipio del área metropolitana de Valencia.

En dicha conversación, él, en calidad de imputado por un delito de malos tratos; yo, en calidad de letrada, le explicaba al joven los hechos por los que el juzgado le había citado a declarar. Tras informarle de que había una denuncia contra él por llamar “zorra” a su novia y por propinarle varias patadas, el chico me interrumpió: “Sí, vamos, lo normal”

A pesar de la sorpresa que me produjo su contestación (muchos lo niegan o alegan una versión diferente de los hechos), le dije que no era “lo normal”. El joven no se amilanó: “Sí que es normal porque mis amigos también lo hacen”.

No olvidaré nunca aquella conversación que me resumió en cuatro palabras la gravedad del problema.

Por cierto, el asunto quedó sobreseído porque ella se negó a declarar. “Lo normal”.

Y siguiendo con “lo normal”, es frecuente culpabilizar a la Justicia ante sucesos como el asesinato de Jessica en Elda.

¿Quién o qué ha fallado? Es la pregunta que solemos hacer, sobre todo en aquellos casos en que hay denuncias previas.

La presencia en nuestra legislación de preceptos penales en materia de violencia de género es reciente. Tras algún intento previo, fue la modificación del Código Penal llevada a cabo por la Ley Orgánica 3/89, de 21 de junio, la que introdujo un tipo penal que respondía a la demanda de determinados sectores sociales para tratar de paliar el fenómeno que, de manera creciente, venía detectándose en nuestra sociedad. Otras reformas la sucedieron hasta la aprobación en 2004, de la Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

Por el contrario, hay que tener presente que el uxoricidio, como tipo penal atenuado y que había sido suprimido del Código Penal en 1932, fue introducido de nuevo en el Código Penal de 1944, estando vigente hasta 1963 (hasta ayer como quien dice), castigaba con la pena de destierro al marido que, habiendo sorprendido a la mujer en adulterio, la matase o produjese lesiones graves. Si las lesiones eran leves, quedaba exento de castigo.

Con estos lastres culturales, resulta “normal” que en el juicio de “La Manada” en Pamplona sea objeto de debate público qué hacía o dejaba de hacer la víctima en los días posteriores a la agresión sexual. ¿A quién se está juzgando?

En este contexto antagónico, es evidente que la Justicia no es la solución para que ese 27,4 % de jóvenes dejen de ver “normal” la violencia de género en la pareja.

Y es que todos los que, de manera cotidiana, nos enfrentamos a la violencia de género sabemos que “lo normal” sería que los esfuerzos se concentraran de manera notable en la Educación.

La solución no pasa solo por la Justicia; pasa esencialmente por la Educación.

(*) Abogada y excoordinadora de UPyD en la Comunidad Valenciana

 

 

 

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