18 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El burdo intento del nacionalpopulismo de abrir heridas y destruir la Transición

Podemos y los independentistas fracasan en otro intento más de destruir la convivencia, demoliendo la Transición para lograr su objetivo diario: irrumpir como únicos salvadores posibles.

 

 

Los partidos políticos que menos hacen por la convivencia en la España actual se aliaron ayer en el Congreso para intentar agitar el pasado, como la misma lógica frentista y nada constructiva que preside su día a día. Esta vez fue, técnicamente, para derogar la Ley de Amnistía, presentada como un apaño de la Transición para conceder impunidad a los crímenes del franquismo.

La idea de ERC, Podemos, Bildu, PdeCat y PNV, ya algo manida pero siempre recurrente, era esparcir la idea de que nuestra democracia es una mala democracia, demoliendo la Transición como modelo  político encomiable e hilando una relación entre la represión de la Dictadura y la de este democracia a la que cada día caricaturizan de la peor manera.

Demoler la Transición forma parte de la caricatura que intenta presentar la España actual como un régimen represor necesitado de salvadores

Que partidos íntimamente relacionados con ETA o protagonistas de un Golpe de Estado en Cataluña o comprensivos con ambos fenómenos y otros tan poco edificantes como el de Venezuela se permitan pontificar sobre democracia es insólito. Y que además lo hagan con el fin de colocar a los tres partidos constitucionalistas en el lado contrario, cómplices de aquella época y por tanto protagonistas de la inexistente falta de libertad en la España actual, resulta indignante.

Es una falacia tan burda como perfectamente coherente con la trayectoria de todas esas formaciones y su intento, diario, de generar una atmósfera irrespirable en España: cuando no es la libertad de expresión, a su juicio en peligro cuando la justicia actúa contra un rapero violento que amenaza de muerte a personas con nombre y apellidos o agrede a las víctimas del terrorismo; es con la inventada brutalidad policial en Lavapiés o la transformación de presuntos golpistas catalanes en pobres presos políticos.

No hay causa, que a veces se asienta en inquietudes reales como las pensiones pero frecuentemente se erige sobre mentiras forzadas, que no sea distorsionada y soflamada por un conjunto de formaciones que difieren en los objetivos políticos pero no en los medios de agitación y en una meta compartida: degradar la convivencia, a cualquier precio, para irrumpir como salvadores en sus respectivos ámbitos.

Contra la democracia

Es en esa línea en la que hay que ubicar la demolición de la modélica Transición que hizo España entre la Dictadura y la democracia, sin derramar una gota de sangre pese a tener en la memoria reciente la cruel Guerra Civil, sin dejar en el camino a nadie imprescindible para construir un auténtico Estado de Derecho capaz en apenas tres décadas de consolidarse como una de las democracias más sólidas del mundo y de dotarse de un Estado de Bienestar puntero y de un papel sólido en Europa y el mundo.

 

Carrillo, Pasionaria y Alberti, en las Cortes de la Transición

Tratar de triturar eso centrándose en la Ley de Amnistía, la parte más controvertida pero necesaria para culminar la imprescindible conciliación que sustentó el salto democrático de España, es bochornoso, injusto e incompatible con el más elemental rigor intelectual y político. Ese esfuerzo compatido, lleno de renuncias en nombre de un bien mayor, unió a Carrillo con Suárez, al PSOE con AP y, en general, a personas, ideologías y siglas antagónicas conscientes del valor y las consecuencias de su sacrificio.

Es indecente que quienes más humillan a las víctimas del terrorismo intenten presentarse como paladines de ninguna víctima de cualquier época

No hay herida del pasado -y las víctimas son la principal- que no pueda cerrarse sin necesidad de reabrirla primero, y la diferencia entre hacerlo desde el mismo espíritu conciliador o intentarlo resucitando viejas trincheras es lo que diferencia a un partido serio de una banda agitadora.

Ni a ERC ni a Podemos les preocupan las víctimas del franquismo ni la persecución de los criminales, como evidencia su desdén hacia los damnificados de un fenómeno mucho más reciente, el del terrorismo, y su complicidad por acción u omisión con quienes lo protagonizaron y hoy están en las instituciones.

Bien por PP, C's y PSOE

Felizmente el Parlamento rechazó su intentona, con una modélica oposición de dos partidos que no existían siquiera durante el franquismo -PP y Ciudadanos- y un tercero, el PSOE, que no acepta en este campo lecciones de autoridad moral de nadie. Ese veto al nacionalpopulismo, una pinza recurrente que se activa a menudo contra la idea de España y sus símbolos, sean la Transición o la Corona, refleja el sentir abrumadoramente mayoritario de los españoles y dibuja el escenario ideal de resistencia a la demagogia, la manipulación y el frentismo de un grupo de dirigentes y de partidos aliados para destruir los pilares de la convivencia que tanto costó recuperar.

 

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