Disfrazando la igualdad

"Si nuestros políticos no son capaces de ponerse de acuerdo para afrontar la pandemia, cómo lo van a hacer en otros temas que preocupan a la sociedad"

Esta es la meta, la igualdad real en todos los ámbitos de la vida y que no sea una utopía. Disponemos diariamente de discursos políticos, charlas, conferencias, campañas y un diálogo interminable de tips, consejos, buenas prácticas, referencias y una interminable lista de propósitos que se quedan y quedarán en papel mojado, todo, para lograr la tan ansiada igualdad, pero la realidad es que seguimos muchas mujeres en desventaja y desde luego no será por la falta de información, que nos desborda.

En el diccionario encontramos como definición de igualdad: Condición o circunstancia de tener una misma naturaleza, cantidad, calidad, valor o forma o de compartir alguna cualidad o característica. En el ámbito social, la igualdad es el contexto o situación donde las personas tienen los mismos derechos y las mismas oportunidades en un determinado aspecto.

También el artículo 14 de la norma suprema del Estado español, la Constitución, nos habla de la igualdad, en un concepto directo que no deja indiferente a nadie. Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Un artículo muy noble, concreto, pues no habla de las clases, ni del poder económico que compra voluntades y que consigue casi todo en la vida, por no hablar más profundamente sobre la publicidad engañosa, y aquellos que se abastecen de mentiras para conseguir más poder, más credibilidad y ventajas. Cosas que vemos todos los días.

Pues ya ven, definiciones no nos faltan con teorías a capazos, pero en la práctica vemos como todo este teatrillo se hace extensivo a los abanderados de los “derechos” de todos, con casas de lujo y dinero por doquier, mientras los humanos normales tenemos nuestros propios problemas cotidianos y seguimos siendo desechables. Un rebaño al que hay que convencer para adquirir el voto y el poder.

Sigue patente la desigualdad entre hombres y mujeres a la hora de optar a un trabajo, brecha salarial en la ocupación de puestos de responsabilidad dentro de una empresa… y un largo etcétera que no acabaríamos nunca de enumerar. Esa desigualdad que permanece en la sociedad y es distinta de la de las clases privilegiadas que están por encima de todos, que hacen y deshacen a voluntad, gente que les preocupa su propio egoísmo, que nunca les costó llegar a donde están, que no sufrieron, y que nunca trabajaron como la mayoría. El plebeyo enriquecido acomodado y mimado que pronto se olvida de su pasado humilde, esto también crea desigualdad.

Nuestros políticos no son capaces de ponerse de acuerdo en un tema tan importante y delicado como es el que estamos viviendo en estos momentos como es el covid-19, díganme entonces como vamos a ir al unísono en otros temas que siempre nos preocuparon, necesitamos esa unión entre partidos políticos en la que por fin saquen medidas eficientes para atajar este otro virus que las mujeres están viviendo en la violencia silenciosa, medidas que sean ejemplarizantes y necesarias, en las que un maltratador se piense qué hacer antes de asesinar a su pareja, para que la maldad no reine en el domicilio privado de cualquier morada.

Que existan multas a las empresas o aquellos gerentes inconscientes si no cumplen con la efectiva igualdad entre sus empleados, y así en todos los sentidos. Publicidad por todas partes, pero nos faltan los hechos, las acciones, los verdaderos cambios.

Después entra en juego otro factor importante y con el que es muy difícil luchar, y es cuando la igualdad viene disfrazada. Nos venden algunos depredadores que parecen totalmente igualitarios con sus parejas y cuando se cierra la puerta viene otra realidad, un control total, la manipulación y son mentirosos, arrogantes, hirientes, drásticos, impulsivos, y te adentran en el hoyo del miedo. Perfiles y mezclas de machistas amigos de la vulnerabilidad de la víctima y de la alevosía por excelencia, o eso nos diría algún amigo criminólogo con buen criterio.

Por último, me parece muy interesante nombrar una iniciativa que ha emprendido el Instituto Aragonés De La Mujer, “QUE LA IGUALDAD NO SEA UN DISFRAZ”, campaña sufragada con los fondos del Pacto de Estado de la Violencia Machista en Aragón,  que enfatiza la necesidad de que la sociedad y en especial los hombres, se impliquen en la lucha contra la desigualdad que sufren las mujeres, la discriminación, el machismo y la violencia que éste genera.

Necesidad de cambiar roles, estereotipos, comportamientos y sobre todo las acciones jurídico legales que potencien la política criminal para que no se quede en demasiado superficial y para que el aparato jurídico pueda trabajar en aras de una justicia pionera y emblemática.

Seguiremos luchando por una igualdad real, pero también en el sentido general del ser humano, para que no sucedan tantas injusticias.

*Grupo EmeDdona.

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