25 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sin frenos: un Gobierno sin escrúpulos para una España sin memoria

¿Se acuerda alguien del flagrante plagio de la tesis de Pedro Sánchez? La indiferencia ante ese hecho o los pactos hasta con Bildu define el momento actual de España.

 

 

Los métodos de este Gobierno que sufrimos en España -la media España que se resiste a morir- son de un descaro escalofriante. La ausencia total de límites morales, la mentira descarada, la ignorancia consciente de la más básica estética pública son signos evidentes la psicopatía política de los pupilos de Iván Redondo.

Estamos en manos de unos tipos entrenados para la televisión. De unos medios de comunicación poco dispuestos a hacer frente a la apisonadora del poder y sin una oposición que sea lo suficientemente vehemente cuando la cuestión lo merece.

Toda la formación exitosa de Pedro Sánchez y de Carmen Calvo se reduce a la destinada a seducir a su público. La imagen lo es todo en este siglo. Da igual que cualquier persona medianamente leída se dé cuenta de que Presidente y Vicepresidenta son, en lo esencial, analfabetos funcionales -lo que da una idea del estado de la Universidad española, pues ambos tienen el título de doctor-. La factoría socialista siempre está dispuesta a tapar con una sonrisa el mayor de los escándalos.

Fíjense de la manera tan vergonzosa en la que la opinión pública ha ido difuminando el hecho de que la tesis doctoral del Presidente es un plagio flagrante. Ni rastro de las querellas anunciadas a los medios

No es que en la casi siempre vergonzosa historia del PSOE no haya habido malvados, ignorantes inmorales y amorales de todo tipo. Siempre los hubo; conviviendo en las filas junto a figuras honorables dignas de respeto, como Besteiro o los Múgica.

No. Estamos en otro nivel. Se trata de que las personas que en estos momentos tienen España en su poder carecen del más mínimo escrúpulo, cuando no, hacen gala de su hipocresía de una manera descarada. Sin el menor rubor.

Ni ética ni estética

En el pasado, las normas de la ética y de la estética, y un elemental respeto por los electores exigían, al menos de cara a la galería, un mínimo decoro. Como no calificar de extrema derecha a la oposición, o como no entregar a los nacionalistas vascos -siempre una minoría- el gobierno o la gobernabilidad de Navarra. Ahora mismo, la llave de ese gobierno no es que esté en manos de los nacionalistas, no. Está en manos del brazo político de los terroristas. Ni más, ni menos.

Pero no pueden decirnos que no nos advirtieron: fíjense de la manera tan vergonzosa en la que la opinión pública ha ido difuminando el hecho de que la tesis doctoral del Presidente es un plagio flagrante. Ni rastro de las querellas anunciadas a los medios que publicaron aquella información veraz: el miedo a que por turno corresponda un juez imparcial y aprecie la más que probable «exceptio veritatis» es insuperable.

 

Ahora bien, lo más obsceno de Sánchez no es el plagio, siéndolo bastante. Ni las amenazas con acciones legales que jamás se ejercerán. No. Lo más sangrante es que fue precisamente ese el ejemplo que le puso a Rajoy, en el debate de la moción de censura, para el nivel ético de las dimisiones en Alemania: el plagio total o parcial de una tesis doctoral.

Votamos sabiéndolo

Todo esto lo conocíamos antes de las pasadas elecciones generales. Como también es de dominio público el hecho de que sin los golpistas -los que saltándose la Constitución han intentado romper la Nación y derogar su Ley Fundamental, definición de Kelsen- Sánchez no habría llegado a Presidente del Gobierno. Y esos indecentes partidos periféricos van a cobrar a España un precio que Sánchez sigue dispuesto a pagar. Y aun así: el suyo es el partido más votado.

Hemos elegido a un gobierno sin frenos. Poco nos pasa.

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