06 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Un enorme Rafa se cita con Federer a la búsqueda de su decimoquinto "grande"

Rafa Nadal, este viernes, tras certificar su pase a la final del Abierto de Australia.

Rafa Nadal, este viernes, tras certificar su pase a la final del Abierto de Australia.

El españo peleará este domingo por el título, después de lograr este viernes su pase a la final del Abierto de Australia, tras imponerse en su semifinal al búlgaro Grigor Dimitrov.

Rafa Nadal peleará este domingo por su decimoquinto 'grande' después de lograr este viernes su pase a la final del Abierto de Australia, tras imponerse en su semifinal al búlgaro Grigor Dimitrov en un apasionante y espectacular partido, resuelto en cinco sets (6-3, 5-7, 7-6, 6-7, 6-4).

El balear volverá a estar en la lucha por un gran título tres años después de la última vez, en Roland Garros en 2014, tras sacar adelante un 'maratón' de casi cinco horas de duración ante un rival que, salvo en el primer parcial, ofreció un gran nivel y plantó mucha 'batalla' antes de encajar su primera derrota del año tras diez victorias seguidas.

El manacorí jugará por cuarta vez por el título en Melbourne, ocho años después de ganar allí por primera vez, precisamente ante el que será su oponente, el suizo Roger Federer, una final soñada para muchos aficionados y que reavivará la enorme rivalidad que vivieron no hace demasiado ambos por reinar en el mundo.

Para sacar este billete e intentar superar a Pete Sampras, Nadal tuvo que confirmar su salto respecto a últimos años. Ya lo había dejado entrever en sus anteriores choques, pero ante un Dimitrov que demostró todas las condiciones que hacen pensar que debe estar en la pugna por grandes cosas en el futuro, el balear demostró que ha vuelto a encontrar el camino.

El físico le vuelve a responder al español, más fresco para aguantar la tremenda intensidad de la semifinal y para que su cabeza, de nuevo en la línea correcta como antaño, funcionase para manejar la tensión en los momentos decisivos. Y todo ello acompañado de la exigencia a la que le sometió el búlgaro, que fue creciendo según pasaba el partido, pero que estuvo menos fino en esos compases claves, donde su rival aprovechó su experiencia.

 

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