12 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Podemos y los independentistas politizan los balcones contra el Rey y dividen

Los balcones son ya un símbolo de esta crisis.

Los balcones son ya un símbolo de esta crisis.

A la hora en que Felipe VI se dirigía a la nación para pedir unidad frente al coronavirus, orquestaron una cacerolada que tuvo seguimiento en toda España, aunque con diferencias.

Los balcones desde los que hace días millones de españoles vienen aplaudiendo a su personal sanitario han sido politizados más pronto que tarde. 

Mientras el Rey Felipe se dirigía este miércoles por la noche a sus compatriotas para mostrarse convencido de que este virus "no nos vencerá sino que nos va a hacer más fuertes", en muchas calles de todas las ciudades españolas sonó el ruido de las cacerolas y las sartenes. 

Protestaban por la cuenta de Juan Carlos I oculta en un banco suizo que las autoridades del país han encontrado, exigiendo que ese dinero (en origen eran 100 millones de dólares, ahora quién sabe). Y protestaban, de paso, por la Monarquía en general. 

 

Lo paradójico es que justo cuando el jefe del Estado pedía a los españoles "dejar de lado" las diferencias y estar "juntos", los balcones se dividían entre quienes hacían ruido y quienes permanecían en sus casas atentos a la televisión. 

Resulta llamativo que la cacerolada a Felipe VI no solo venía secundada por Unidas Podemos, sino que fue orquestada y jaleada por dicha coalición, por los socios de gobierno de Pedro Sánchez

Un día Pablo Iglesias y Alberto Garzón aplauden a Don Felipe en la apertura solemne de las Cortes; otro día impulsan -sin éxito- una comisión de investigación en el Congreso contra el rey emérito; y otro invitan a la ciudadanía a levantarse en cacerolas contra él.

Siempre con la colaboración de los independentistas catalanes, vascos, gallegos, valencianos y baleares, que horas antes suscribieron un comunicado conjunto en el que denunciaban que Felipe VI pretendía "blanquear su imagen" aprovechando la emergencia sanitaria. Y de paso criticaban la  "tendencia recentralizadora" del Estado. 

El independentismo catalán, que fue el que llevó la voz cantante, sigue sangrando por la herida del histórico discurso que el jefe del Estado pronunció el 3 de octubre de 2017, dos días después del referéndum ilegal. 

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