20 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El centroderecha no se aclara: están en crisis los partidos, no sus votantes

España no es sanchista ni el PSOE ha arrasado a nadie, pero la actitud de todo el centroderecha refuerza esa idea falsa y refuerza algo que todos decían querer evitar.

  

 

Del mismo modo que la rapidez con que el PP se sumergió en el debate sucesorio de Rajoy tras la moción de censura blanqueó la soez maniobra de Pedro Sánchez; la pelea entre los partidos que representan al centroderecha tras el 28A está consolidando la idea, simplemente equivocada, de que España se ha vuelto sanchista y se ha volcado en masa con el PSOE.

La realidad es bien distinta. Sánchez apenas mejoró al Rajoy de 2015, que tuvo que repetir Elecciones seis meses después por su debilidad y el acoso del hoy presidente; y la suma de PSOE y Podemos es inferior en porcentaje de voto, por unas décimas, a la lograda en 2016, cuando el PP subió y el conjunto del centro derecha, con Cs incluido, batió ampliamente a la izquierda.

Solo la combinación de los errores de libro de Casado, la irrupción de Vox, la consolidación de Ciudadanos, la inusual participación por el miedo falaz alimentado a la ultraderecha  y la caída de Podemos maquillan una evidencia: Sánchez fue el menos malo de todos, pero su resultado fue el tercero peor de la historia del PSOE. Los otros dos fueron suyos también.

La crisis de los partidos, no de los votantes

Con ese escenario, no se puede confundir la crisis del centroderecha, simbolizada en el estrepitoso bajón del PP, con la crisis del voto al centroderecha, que empató con la izquierda aun en las peores condiciones -unas ajenas y otras buscadas con ahínco- y con la práctica totalidad del sector televisivo en contra.

Ni Sánchez arrasó ni España es sanchista: solo fue el menos malo, con un resultado igual al de Rajoy en 2015

Para entender esto, basta una mirada a Madrid: los titulares han destacado que por primera vez en décadas ha ganado el PSOE, como en tantas otras provincias, pero han prescindido del dato realmente relevante. Que el centroderecha obtuvo el 54% de los votos, apenas uno menos que en 2016 cuando su victoria fue tan rotunda.

Es la torpeza del PP, la ambición de Ciudadanos y la autonomía de Vox la que eleva a categoría de triunfo pletórico de Sánchez lo que en realidad es una carambola fruto de varios factores que difícilmente volverán a repetirse todos al unísono.

Y es la decepción de los votantes lo que cada uno de los partidos han de atender, con una explicación razonable y unas propuestas sensatas, antes de despedazarse por el control de un espacio ideológico cuyas tensiones alimentan al sanchismo.

Falta grandeza

España no es sanchista, pero lo parece, sobre todo gracias a la subordinación de los intereses globales que todo el centroderecha dice defender a los objetivos particulares de cada una de las siglas que lo representan. Es muy lamentable que quienes más han insistido, con distintos discursos, en el peligro que supone la combinación de Sánchez con populistas e independentistas, más estén haciendo por eternizarlo. Falta grandeza.

 

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