Gaspar, presidente de la Diputación en un pleno de gestos, dardos y antagonistas

La nueva corporación provincial

La nueva corporación provincial

El nuevo presidente de la corporación provincial de Valencia pronuncia un discurso conciliador mientras Ciudadanos y La Vall d'Albaida Ens Uneix se enzarzan por el legado de Jorge Rodríguez

Toni Gaspar repite en el cargo de presidente de la Diputación de Valencia con los 13 votos del PSPV-PSOE, los cinco de Compromís y, como adelantó EsdiarioCV, el de la Vall d´Albaida Ens Uneix. En total, 19 frente a los ocho que obtuvo el candidato del Partido Popular, Juan Ramón Adsuara, y las cuatro abstenciones, tres de Ciudadanos y una de Vox. El resultado del pleno de este miércoles no constituye sorpresa alguna, era previsible la investidura, en primera instancia, del alcalde de Faura.  En cambio, los detalles sí que llamaron más la atención. También, la apelación al municipalismo a escala más reducida y los dos antagonistas inesperados que emergieron.

Vamos por partes. La primera, la elección del presidente de la Diputación. El secretario fue llamando a los 31 diputados. Bueno, realmente lo hizo con 29. No obstante, desde Compromís le advirtieron que no había proferido el nombre de la concejal de València Gloria Tello. Después de disculparse diciendo que no la tenía en su lista, y cuando parecía que estaba todo claro, surgió otra voz. Esta vez, en primera persona, Ximo Segarra, alcalde de Benaguasil, dijo que él tampoco había sido llamado. Todo quedó en una curiosa anécdota, que no influyó en un abultado triunfo de Gaspar, uno de los dos candidatos presentados junto a Adsuara. El resto de partidos prefirió no optar.

 

Los aplausos por parte de todos los grupos siguieron a la proclamación de Gaspar como presidente. Y, a continuación, llegó el primer gesto llamativo. El renovado mandatario se dirigió raudo a abrazar al presidente de la Generalitat, Ximo Puig, su gran valedor, presente en primera fila del público. A Enric Morera, el presidente de Les Corts, le dio la mano; y al delegado del Gobierno, Juan Carlos Fulgencio, también le iba a obsequiar con un simple saludo, pero el alto cargo a propuesta del ministro Ábalos le atrajo hacia sí con un abrazo en el que Gaspar se dejó llevar.

Después ya saludó a los otros 30 diputados provinciales, con especial énfasis en el alcalde de Mislata, Carlos Fernando Bielsa; y el de Burjassot, Rafa García, ambos de su partido; y con la exvicepresidenta de la Diputación, Maria Josep Amigó. Con los tres hubo un abrazo más al ´estilo Puig´ que al ´método Fulgencio´.

Una vez investido, llegó el momento de que cada partido se posicionara y de que los flamantes debutantes como diputados y portavoces levantaran su cerbatana o tendieran simplemente la mano. Aquí saltaron las posiciones contrarias y emergieron dos antagonistas imprevistos que tienen visos de convertirse en archienemigos. 

El primero, Joan Sanchis, diputado de la Vall d´Albaida Ens Uneix. Dejó claro que venía a defender su comarca, de la que recalcó los encantos y municipios, incluido el campanario más alto de la Comunidad Valenciana y la única entidad bancaria propia. Ambos, patrimonio de Ontinyent. Y, a la misma altura que la comarca, o incluso en algunos casos superándola en elogios, realizó una auténtica oda al alcalde de su capital, a quien mencionó una decena de veces atribuyéndole toda clase de logros y gestas. Entre ellas "la mayor transformación vivida por Ontinyent en 40 años" o convirtiéndole en adalid de una larga retahíla de avances en la Diputación "que Gaspar ha continuado". Todo esto lo dijo acomodado en su butaca, ya que, al contrario que la mayoría de portavoces, no se levantó para intervenir.

Después llegó el concejal de Paterna y único diputado de Vox, Joaquín Alés, que, en una alocución comedida, pidió más rigor en los gastos, cultura del esfuerzo y propiciar que las familias tengan un mayor número de hijos, en un discurso de mano tendida que seguía, justo detrás de él, el portavoz de Compromís en Les Corts, Fran Ferri, con más sonrisas y susurros que atención.

Entonces emergió la edil de València Rocío Gil con el discurso más beligerante de esta tórrida mañana de miércoles 10 de julio. Dentro de su partido y fuera de él unos cuantos se frotaron los ojos. Fue, junto a Sanchis, la única en mencionar a Rodríguez, aunque en su caso lo hizo en el sentido radicalmente contrario. Con tono alto y claro aludió a su "imputación y detención por corrupción", avisó que van a estar vigilantes "para que no se repitan en esta legislatura las malas prácticas de la anterior". Volvió a aludir a Jorge Rodríguez al definir su gestión por la "opacidad, deshonra y derroche. No cumplió una palabra".

Mientras que el diputado de la Vall d'Albaida realizó una auténtica oda a Jorge Rodríguez, la portavoz de Ciudadanos recordó "su imputación y detención". El legado del alcalde de Ontinyent generó una gran fricción entre ambos partidos

Dicho esto, disparó un dardo envenenado al presidente de la Diputación, Toni Gaspar, al pedirle que condene la agresión que sufrió el autobús de Ciudadanos en Valencia en los actos del Orgullo LGTB. "Me agredieron. ¿O por no ser de izquierdas no tengo la misma credibilidad que otra mujer?", asestó, para luego lanzar un mandoble inesperado al PP "por haber presentado candidatura a última hora".  Tuvo para casi todos. Quizás por eso apenas cosechó aplausos. Pero ya había dejado su huella.

Luego intervino la anterior vicepresidenta y este miércoles portavoz de Compromís, Maria Josep Amigó, que ensalzó la gestión de su partido en el anterior mandato, su lealtad al al gobierno del Botànic, el trabajo que se ha quedado por hacer, su apoyo a los más necesitados y a los intereses valencianos y toda una serie de medidas que necesitan "una consolidación". Siempre en la línea de afirmar más que sutilmente que quieren entrar en el próximo gobierno. De momento, como buen gesto, tal como hizo Sandra Gómez en Valencia a la inversa con Ribó, votó a favor del socialista Gaspar en la investidura.

Compromís ha preferido dar los votos al PSPV y esperar; al igual que hicieron los socialistas con Compromís en los ayuntamientos de Valencia y Oliva

El portavoz y candidato a la presidencia por el PP, Juan Ramon Adusara, optó por el perfil bajo con ánimo conciliador. Recordó a los "compañeros del PP que ya no están" (mientras que ex diputados provinciales de otros partidos sí asistieron, los populares brillaron por su ausencia en el pleno de investidura), pidió "equidad", se comprometió a defender los intereses del municipalismo y abogó por revalorizar la política transmitiendo una buena imagen sus protagonistas. Sin ataques a Gaspar, en la misma línea que Vox y al contrario que Ciudadanos.

Y Pilar Sarrión, portavoz del PSPV-PSOE, intervino en castellano en nombre de una bancada valencianohablante por abrumadora mayoría. Siguió la estela de Adsuara, aunque desde otra perspectiva, la de quien gobernará. Destacó la falta de medios de los pequeños municipios, la diversidad de la provincia de Valencia, con costa, mar, valle y montaña. Para que le quedara claro, aunque no lo acabara de dejar, a Compromís, señaló que "queremos contar con el apoyo y acuerdo del resto de fuerzas y no nos cerramos a nada".

El portavoz de la Vall d'Albaida fue el único que no se levantó para hablar; mientras que la socialista contrastaba en un grupo valencianohablante por abrumadora mayoría

Cerró elogiando a Toni Gaspar. "Usted es un alcalde de pueblo, que mira a la gente a los ojos y habla con sinceridad", destacó con la empatía propia de una alcaldesa de un municipio también de población reducida.

Después de escuchar con atención a los seis portavoces (cinco de municipios de interior y solamente una de costero), intervino Gaspar, con un discurso hilvanado y apelando a consenso, cercanía y valores, con mención incluida a sus progenitores en este último punto.  Esgrimió la necesidad de "buena política. Cuando la política se convierte en luchas de poder, hace que la maquinaria funcione con lentitud. El titular fácil o la ocurrencia del día no forman parte de la buena política. Tampoco el ruido externo", remarcó, para subrayar que "nada existe más tóxico que la política de las cosas efímeras, que no mira el futuro".

Nada existe más tóxico que la política de las cosas efímeras, que no mira el futuro", señaló Gaspar, que dio un fuerte abrazo a Puig en cuando fue proclamado presidente

Se comprometió a "administrar la discrepancia", porque, parafraseando a Goethe, "no se trata de estar siempre de acuerdo, sino de ir por el mismo camino". Acto seguido recordó, con especial énfasis, "todos (los 31 diputados) representamos con la misma legitimidad la confianza del pueblo valenciano". Y añadió dos guiños: uno, a la profesión periodística, resaltando su labor ante una sociedad "ansiosa, irritable y desconcertada"; y otro, a su equipo (pronunciando el nombre de cada persona; Javi, Mari-Ángeles, Toni y Rafa), "a quien también le corresponde esta investidura".

Acto seguido, dio por cerrada la sesión, lo que, paradójicamente, en la práctica significa dar por iniciado este el mandato. 

 

 

 

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