El presidente de las Rutas de la Seda nos guía por el Museo de Seda de València

“De 100.000 personas que residían en Valencia, unas 60.000 vivían de la seda”, explica. “En el siglo XVIII Valencia era considerada la capital europea de la seda

Quedamos en la puerta del Museo y Colegio del Arte Mayor de la Seda, en la calle Hospital. Quiero visitar el edificio que, junto a la denominación del barrio de Velluters y a la Lonja, constituyó el argumento principal para incluir a España en el Programa Unesco Rutas de la Seda. Y qué mejor guía puedo tener que el embajador español en este conglomerado de caminos y actual presidente del citado programa. Sí, me refiero a José María Chiquillo.

Una suerte de Marco Polo autóctono si nos atenemos a la cantidad de viajes que ha realizado en representación de la seda. Si el veneciano lo hizo para comerciar con el tejido, el valenciano los lleva a cabo para impulsar el topónimo València vinculado a la seda. En su agenda más inmediata tiene anotados próximos recorridos por Uzbekistán, Mongolia y Corea del Sur.

Entramos. Primero tomamos un café (él) y una manzanilla (yo) en el coqueto restaurante Espai Seda, con su apacible patio, y luego nos ponemos manos a la obra. O pies, porque para pisar la primera planta del secular suelo de este edificio hay que aislar los zapatos con unos protectores desechables que te ofrecen.

En primer lugar vislumbramos los tomos que recogen, desde 1497, la historia del Gremio de Velluters (tejedores de terciopelo en valenciano), que, aunque al principio recogió a profesionales específicos de este oficio, pronto abarcó a quienes realizaban tareas complementarias, como tintes.

“Ahora quedan únicamente diez maestros sederos en la Comunidad Valenciana; no obstante, llegó a haber 5.000 telares y cinco millones de moreras en el territorio. Requena se convirtió en la cuarta productora, porque se la consideraba Castilla y pagaba menos impuestos”, explica Chiquillo mientras yo intento imaginar los apuntes en las actas del gremio, con detalles contables, nombres de aprendices y todos los datos que giraban en torno a su labor.

A partir del siglo XV se diseminó la mora. El Colegio fue precursor en establecer la marca Valencia para sus prendas, previa superación de un estricto control de calidad”, continúa desglosando mientras contemplamos, extendida, la Real Senyera hilvanada y recuperada que prohibieron sacar al gremio a partir de 1707. Una muestra más de las devastadoras consecuencias de la represalia borbón contra Valencia por haber defendido a su rival por el trono.

Atravesamos la sala de las casullas de seda que otrora vistieron papas (también en El Vaticano la actual Comunidad Valenciana tuvo su época de esplendor e influencia). Nos paramos ante el estandarte de San Jerónimo, patrón de la Cofradía del Colegio del Arte Mayor de la Seda., que data de 1494. “El solar donde se construyó la lonja y el arranque de las obras lo pagaron los velluters”, sigue deleitando Chiquillo mis oídos.

“De 100.000 personas que residían en Valencia, unas 60.000 vivían de la seda”, explica. “En el siglo XVIII Valencia era considerada la capital europea de la seda”, sentencia. “Nutría a todas las casas reales”, añade mientras pasamos junto a unas pantallas que muestran una película ambientada en la Francia versallesca de reyes omnipotentes, pelucas blancas y, sí, vestimenta de seda gestada en Valencia.

Martín i Soler, Luis de Santángel, Joaquín Manuel Fos…son personajes que van apareciendo en el relato de la visita al museo. ¡Y pensar que en 2012 este edificio del siglo XV era una casona abandonada, sumida en la ruina, y que ahora, desde hace un trienio en que reabrió, acoge a 50.000 visitantes al año! El mecenazgo de la Fundación Hortensia Herrero y la convencida labor de personas como Vicente Genovés, presidente de la junta de gobierno del Colegio del Arte Mayor de la Seda, o del propio Chiquillo con la promoción que ha hecho, han cambiado su fisonomía.

Y lo han convertido en un reclamo turístico. Uno más que se suma al tesoro patrimonial de València. Acabamos la visita junto al histórico y único en España ´telar de vellut´, que acapara la admiración de un nutrido grupo de visitantes. Nos callamos. No queremos perturbar su escucha, atenta, del metódico empleo de este artilugio y de su capacidad para engendrar las telas más afamadas.

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