20 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El sonoro desprecio de Sánchez a Iglesias incendia la bancada de Unidas Podemos

El candidato del PSOE ha hecho un discurso de investidura más digno del de alguien con mayoría absoluta que el de un líder al que le falta 53 escaños para llegar a ella. Así ha sido.

Para estar negociando -supuestamente- un gobierno de coalición con Unidas Podemos, Pedro Sánchez lo disimula muy bien. El candidato del PSOE ha hecho este lunes un discurso de investidura de casi dos horas que por momentos ha parecido el de un candidato con mayoría absoluta, cuando sus 123 diputados le dejan a 53 escaños de ella. 

Un discurso recibido con una mezcla de indignación, desconcierto y decepción por parte de la bancada de Unidas Podemos que se resume en una imagen: la de Pablo Iglesias, serio, distante, ensimismado, abandonando el hemiciclo por una puerta distinta a la de Sánchez, enfilando rápido las escaleras hacia su despacho para esquivar a la prensa. Ya responderá esta tarde sobre la tribuna.

La tensión se ha respirado esta mañana en el hemiciclo entre las bancadas del PSOE y Unidas Podemos, cuando lo lógico habría sido un ambiente de complicidad entre dos formaciones que, en teoría, negocian para cerrar un gobierno de coalición antes del jueves (cuando se producirá la votación definitiva).

En las horas previas al discurso, los morados habían trasladado su disconformidad con la oferta de los socialistas, más simbólica que de competencias reales según ellos. Y las cosas han terminado de torcerse con la intervención de Sánchez. Entre medias se ha producido una reunión entre Carmen Calvo y Pablo Echenique en la Cámara Baja de nulo resultado.

El presidente en funciones ha ignorado por completo a su socio hasta prácticamente el minuto 119 de los 120 de su discurso. Y de aquella manera: ha hablado, en concreto, de "acuerdos con distintos grupos parlamentarios a los cuales quiero agradecer su colaboración y muy señaladamente al grupo de Unidas Podemos". Hasta ahí.

Los cero guiños a Iglesias han contrastado con las alusiones, desde el principio, al PP y Ciudadanos para que se abstengan y le dejen gobernar. "No estamos eligiendo entre izquierda y derecha, eso lo hicieron los españoles. Estamos eligiendo entre gobierno y no gobierno", ha señalado Sánchez.

Su discurso ha estado trufado de medidas sociales y, por contra, no ha hecho ni una sola mención a Cataluña, a pesar de la cercanía de la sentencia del juicio del procés. Y a pesar, también, de que Cataluña ha sido uno de los principales argumentos de Sánchez para desconfiar de Iglesias.  Ha dedicado más tiempo a Venezuela que a la gran crisis de Estado que sigue teniendo España encima.

El candidato a la investidura ha tendido la mano a todo el arco parlamentario para pactos de Estado en materias como la ciencia, la racionalización de los horarios, la protección de la infancia y la adolescencia, infraestructuras y transporte y la reforma de la justicia. Pero en genérico. 

Iglesias escuchaba en su escaño, a ratos atusándose la perilla, a ratos comentando con el catalán Jaume Asens. A pesar de que Sánchez ha hablado de la subida del salario mínimo, la violencia de género, el machismo, la exhumación de Franco, la emergencia climática, la muerte digna, la ley mordaza y los alquileres abusivos, asuntos que están siempre en boca de Unidas Podemos, el líder morado y los suyos apenas le han aplaudido. 

Únicamente en tres ocasiones. La primera, cuando Sánchez ha recordado a las últimas víctimas de la violencia machista y todo el hemiciclo ha dedicado una ovación a su memoria. La segunda, cuando ha afirmado que toda relación sexual debe conllevar el "consentimiento expreso de la mujer". Y la tercera y última, cuando ha agradecido la labor de Salvamento Marítimo ante la oleada de inmigración.  

"Nuestro mejor momento no pasó, está por llegar. Pido la confianza de la cámara no en mí, sino en el propio Parlamento", ha subrayado en los instantes finales de su discurso, como si la democracia pasara por él. 

Al término, los ministros y diputados del PSOE se han puesto en pie, entusiasmados, para dedicar a su jefe de filas una larguísima ovación. En ese momento la portavoz del Ejecutivo y ministra de Educación, Isabel Celáa, se ha girado con disimulo y malicia para ver de reojo la reacción de Iglesias.  Sabía perfectamente que no iba a ser buena, no podía serlo ante tal exhibición de yoísmo por parte de Sánchez.  

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