¿Es deseable un Fondo Monetario Europeo?

Estabilización fiscal, apoyo financiero para que los países puedan llevar a cabo reformas e incentivar la entrada de nuevos países de la UE. Tres ideas clave para sustituir el MEDE.

 

La Comisión Europea, como buena garante de los Tratados de la Unión, intenta ahondar en la construcción e integración europea y defender todos los avances logrados hasta el momento, amenazados en los últimos años por el euroescepticismo creciente surgido al albor de la crisis económica.

Aunque toca pulir detalles, ya se ha dado a conocer la existencia de una propuesta de creación de un Fondo Monetario Europeo (FME), para sustituir al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Dicho fondo cumpliría una triple función: en primer lugar, estabilización fiscal; en segundo lugar, apoyo financiero para que los países puedan llevar a cabo reformas; y, por último, incentivar la entrada en el euro de nuevos países de la UE.

En suma, en buena medida lo que se pretende es sistematizar y concentrar, en un periodo más sosegado de crecimiento económico, los mecanismos de ayuda anticrisis que surgieron cuando la crisis económica de estos últimos años estalló. Una especie de euroministro de economía sería el encargado de presidir este nuevo organismo, que deberá buscar su encaje dentro del sistema europeo, ya que las funciones que ejercerá han sido llevadas a cabo hasta ahora por la Comisión.

Sin embargo, existen voces discordantes, no ya respecto al diseño de un FME, sino en relación a su mera existencia. Un estudio de mayo de 2017, redactado a petición de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo, no lo cree ni necesario ni deseable, y señala cinco razones para sostener esta afirmación.

Por un lado, sostiene que ya el propio Mecanismo de Estabilidad Europeo supone una contradicción con la claúsula de no corresponsabilidad financiera (no bail out clause) del artículo 125 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, que establece la prohibición que un Estado Miembro asuma las deudas de otro. Parte de razón no le falta al autor del informe, ya que dicho mecanismo se creó interpretando que la prohibición del citado artículo era sólo relativa, en base al "espíritu de solidaridad" del artículo 122.

En segundo lugar, alerta del riesgo moral que puede generar, por los conflictos de interés que se pueden producir entre sus miembros. En tercer lugar, como apuntaba antes, el nuevo organismo deberá encontrar su encaje junto a la Comisión y el resto del eurosistema, previniendo las crisis, prestando como último recurso y desarrollando principios de reestructuración de deuda. En cuarto lugar, será necesario dotar a este organismo de una plantilla extremadamente competente y cualificada para hacer frente a las crisis, pero que permanezca en suspenso en tiempos de calma. En último lugar, el gobierno de este organismo debería garantizar la rapidez cuando fuera necesaria, con una adecuada rendición de cuentas y sin politizaciones innecesarias.

El autor del estudio considera además que el Fondo Monetario Internacional ya está preparado para llevar a cabo dichas tareas, aunque recoge también el hecho que quizá sus recursos no son suficientes cuando la crisis alcanza de lleno a países desarrollados con un alto grado de integración económica.

Posiblemente esa última cuestión, y la reticencia de los países europeos a solicitar ayuda al FMI, explique por qué la mayor parte de países europeos han acogido con satisfacción la propuesta de la Comisión, si bien es cierto que existen puntos que toca discutir, como el presupuesto del que se dotará a este organismo, quién será su "euroministro" y el alcance de sus funciones.

Ahora, las negociaciones entre los socios europeos, con el eje franco-alemán a la cabeza, acabarán de perfilar la nueva institución. El resultado final, siendo realistas, será algo a medio camino entre las ambiciosas previsiones de Macrón y las más cautas y pragmáticas de Merkel. Pronto lo sabremos.

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