16 de diciembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El traslado de Franco no puede ser una herramienta electoral antes del 10N

El Supremo da la razón al Gobierno y avala la exhumación urgente del dictador. Si Sánchez tiene algo de altura de miras y visión de Estado, no hará de ello un numerito electoral.

 

 

El Tribunal Supremo ha vuelto a dar la razón al Gobierno y, además de respaldar la semana pasada la legalidad de exhumar y trasladar a Franco del Valle de los Caídos, ha refrendado la urgencia que Sánchez quería darle al asunto pese a las dudas de otro juzgado por la dificultad técnica de la operación.

El auto confirma que el Alto Tribunal no hace política, sino que imparte justicia a partir de las leyes vigentes, algo que conviene recalcar en las vísperas de que se conozca otra sentencia mucho más relevante: la de los políticos catalanes enjuiciados por subvertir el orden constitucional.

El Supremo demuestra independencia con los restos de Franco, pero también con las eventuales condenas a los Junquera y compañía, por mucho que se pretendan esparcir fantasiosas teorías sobre el carácter partidista de sus resoluciones.

Es política, ante todo

Dicho lo cual, el Alto Tribunal no ha impulsado el traslado de los restos del Dictador, sino que se ha limitado a estudiar si ese deseo de Pedro Sánchez concretado en un decreto era o no legal, concluyendo que lo era. Otra cosa es que, probablemente, no debiera haberse confiado en una instancia judicial algo que en buena lid ha de depender de las instituciones representativas de la ciudadanía.

Sánchez tiene una última oportunidad de no hacer sangre con Franco: trasladarle con discreción, sin afán electoral

En ese sentido, el traslado de los restos de Franco a otras instalaciones pudo haber sido el apacible remate de la reconciliación fraternal decidida por España en 1978, tal y como estaba presente en las resoluciones del propio Congreso, alguna de ellas por unanimidad, o en los consejos del Comité de Expertos, de todos los partidos, que hace ya años propuso fórmulas para reconvertir el Valle de los Caídos sin reabrir viejas heridas.

Un afán perfectamente compatible con la restitución de las víctimas, la correcta asimilación de los males intrínsecos de una Dictadura y, por qué no, el conocimiento decente de la convulsa España republicana, hoy vendida como una especie de paraíso libertario en contra del rigor histórico más elemental.

Sin numeritos

A todo eso, propio de un verdadero hombre de Estado, ha renunciado un Sánchez deseoso de colgarse una medalla antifranquista a cualquier precio, convirtiendo un afán razonable desde el consenso en un reto personal de lo más sectario. Que no puede coronar con un numerito a costa de la exhumación a pocos días de las Elecciones.

El líder del PSOE tiene una última oportunidad de rematar este asunto con algo de altura. Y ésa es no convirtiendo la mudanza de Franco en un espectáculo público y en una herramienta electoral. La discreción que no tiene Sánchez en tantos otros frentes vendría muy bien en éste. Le dé o no votos.

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