22 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Susana envió al PP un sondeo que tuvo a los populares engañados hasta el final

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, en la anterior etapa de éste como líder del PSOE.

Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, en la anterior etapa de éste como líder del PSOE.

El PP está digiriendo aún el triunfo de Sánchez, conscientes de que el resucitado secretario general del PSOE va a hacerles pasar un calvario. Lo bueno: que a él no le convienen elecciones.

Con preocupación y por qué no decirlo, con horror, recibieron los dirigentes del Partido Popular la noticia de que volvía al lugar del crimen el enemigo irreconciliable: Pedro Sánchez. Por debajo de la medida reacción oficial, el primer análisis es éste: el PP se ha quedado solo en la defensa del sistema que nació con la Transición. Los demás, desde el “nuevo” PSOE de Sánchez hasta los separatistas y desde luego Bildu, se van a congraciar para reventar el modelo.

“El sistema se ha quedado muy tocado, aún es pronto sin embargo para decir que está muerto”. La frase de unos de los vicesecretarios del partido refleja la desastrosa impresión que ha producido en las huestes de Rajoy el triunfo de Sánchez. Aún la pasada semana el PP recibía la filtración de un supuesto sondeo que atribuía a la destronada faraona del Sur, Susana Díaz, la victoria en las primarias. La filtración llegaba naturalmente desde la filas del equipo de la todavía presidenta de Andalucía, y causó una cierta tranquilidad salvo… para Rajoy, el cual advirtió según se sabe: “Yo que vosotros no me fiaría”.

Rajoy y algunos otros, pocos eso es cierto, de sus colaboradores, habían denunciado internamente que la campaña de Sánchez no estaba dirigida contra Díaz sino exclusivamente contra el propio presidente del Gobierno y contra el Partido Popular. Con gran habilidad, hay que reconocérselo, Sánchez había vendido la especie de que los culpables de que el PP estuviera en La Moncloa eran los que le derribaron: de Felipe González abajo, todos.

El hecho de que los Presupuestos están prácticamente aprobados y la impresión de que ahora mismo a Sánchez no le interesan unas elecciones anticipadas alivian al PP

O sea, los que presionaron para la abstención en la investidura. Bien aderezada esa especie con dosis elevadas de odio a “las derechas”, el electorado militante no cayó en la tentación de recordar que Rajoy es presidente por un pequeño detalle: porque ganó las últimas y las penúltimas elecciones. Sánchez ha cubierto de odio, de rencor y de afán de venganza cada una de las papeletas que este domingo han depositado sus seguidores en las urnas domésticas del PSOE.

Hasta tal punto es cierta esta percepción que tiene toda la razón ese vicesecretario del PP cuando afirma que “Sánchez ha resucitado a las “izquierdas” como enemigo total, frontal, irreconciliable de las “derechas””. El lenguaje guerracivilista se ha instalado otra vez en España por boca de un individuo que está dispuesto a barrenar toda la reconciliación que nació en 1977 y que ha servido para dotar a España de la mejor época democrática de su historia.

Ahora el PP se dispone a lidiar con un morlaco pertinaz, cambiable, desprovisto de cualquier afán de entendimiento. Las “izquierdas” a las que propende Sánchez no tienen más afán u objetivo que desalojar al PP del poder. Al precio que sea.

En el Comité Ejecutivo del partido se escuchaban las quejas de quienes clamaban contra los medios de comunicación que han sido cómplices del dúo ya formado entre Sánchez e Iglesias. Ambos son, desde luego, el fruto de una política de comunicación errática, estúpida, cómplice que ha permitido el juego sucio de las grandes cadenas de televisión, las que, como bien denunciaba uno de los presentes en el Comité: “Sólo han respetado a quien las favoreció”.

El "calvario" que espera a los populares

Nadie sin embargo se atreve a citar con su nombre y su apellido a la tal responsable. Hasta para hacer autocrítica es timorato el PP. Los más atrevidos, que son pocos, opinan como un directivo del Grupo Parlamentario en Madrid, que este fin de semana señalaba con tino: “Os habéis fijado cómo interviene -cuando interviene, ahora que ya no es portavoz- la vicepresidenta tras los Consejos de Ministros; parece que está haciendo la crónica de una reunión de vecinos de su comunidad”.

Así están las cosas y lo que es peor: no van a cambiar. Ahora el PP se enfrenta a los siguientes, todos malos, acontecimientos: continuas votaciones en el Congreso que con seguridad va a perder; nuevas revelaciones sobre corrupciones, ciertas o falsas desveladas por cuerpos policiales sobre los que el Gobierno no tiene la más mínima influencia; mociones de censura para horadar la sustancia misma del proyecto popular; traiciones reiteradas de su presunto socio, Ciudadanos, dispuesto como nunca a ocupar el sitio que debería dejar libre Rajoy; y desafío radical del independentismo catalán a punto de declarar la subversión por las bravas.

El programa de actos es aterrador. Únicamente hay, rebuscando mucho, dos datos que pueden calificarse de positivos: el hecho de que estos Presupuestos de 2017 ya están prácticamente aprobados, y la impresión de que ahora mismo al PSOE de Sánchez no le interesar sumergirse en la vorágine de unas elecciones anticipadas que le brotarían sin asentar la dirección y con una pléyade de congresos, empezando por el federal, que tienen que dibujar la nueva geografía política del PSOE.

El calvario del PP puede incluso contar más estaciones de las descritas. Sus votantes precisan de claridad y de esperanza. Detestan la educada respuesta como toda réplica a los ataques desmedidos de las “izquierdas” y necesitan saber que aún pueden seguir votando orgullosamente a quien los ha sacado de la crisis. El Partido Popular en todo caso lo tiene más difícil que nunca.

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