La olvidada sangre del Cid en las murallas de Valencia

Torre del Ángel

Torre del Ángel

Curiosa esta anécdota, poco conocida en la ciudad, que, sea o no cierta, demuestra la querencia de la población hacia un mito minusvalorado en la época contemporánea.

Tres largos años estuvo reinando en solitario lo que en su día fue el primitivo reino de Valencia. Quizás algunos historiadores, los más puristas, prefieran llamarlo Señorío, pero no lo comparan con los orígenes de otros reinos peninsulares como Castilla, Galicia, Aragón, Portugal o Navarra, que comenzaron siendo simples condados. La gran reina Jimena Díaz, esposa del Cid Campeador, marcó sin duda el camino de una Comunidad Valenciana abierta y plural, tan poco reivindicada. Su reino terminó sucumbiendo por la falta de apoyo de otros territorios peninsulares, que trataban de fagocitar las tierras de Levante asentadas por Don Rodrigo. No será la única vez en la historia de Valencia que otros territorios lo hayan intentado.

Jimena nació en 1046 y murió en 1116. Contrajo matrimonio con Rodrigo Díaz de Vivar en 1074. Fue Reina de Valencia a la muerte del Cid, entre 1099 y 1102.

Quizás menos conocida sea su ascendencia: nieta del emperador Alfonso VI de León. Esta circunstancia, además de ser hija de familia real, validaba, en aquella época, ser investida con la corona. Su esposo había ganado a espada el derecho sobre los territorios conquistados a los musulmanes. Rodrigo adoptó el título de Príncipe y consolidó sus dominios más allá de Almenara, dominando Sagunto por el norte y frenando en Gandía por el sur. Llegó a recibir tributos de Lérida, Tortosa, Denia, Albarracín, Alpuente, Sagunto, Jérica, Segorbe y Almenara. Se convirtió en el verdadero poder del oriente peninsular. ¿Les suena esta circunstancia?

En Valencia, ejerció como monarca, consagrando la Catedral de Santa María e instalando a lo largo de todo su territorio a nuevos colonos que vinieron con él desde Aragón. Su condición de soberano fue reconocida por otros reinos, como constata el hecho de que iniciara la política de matrimonios de sus hijas con altos dignatarios.

¿Qué impidió a Rodrigo consolidar su monarquía y establecer el inicio ininterrumpido del Reino de Valencia? Quizás el hecho más destacado fue el fallecimiento de su único hijo varón, Diego Rodríguez, que fue abatido mientras luchaba junto a Alfonso VI en la Batalla de Consuegra, a donde acudió por indicación de su padre. Una batalla que también perdió Alfonso.

(El Cid entrando en Valencia. Autor, Justo Jimeno Bazaga)

Rodrigo había entrado en la capital del Turia rodeado de aliento por parte de la población. Tras casi un año de asedio, el hambre se había adueñado de Valencia y, cuando Rodrigo consideró que estaba preparada para caer, se lanzó sobre ella. Dos leyendas jalonan esta conquista: el lanzamiento de pan sobre la ciudad desde las catapultas del Cid, lo que le permitió contar con la alegría de la población al atravesar las murallas; y la sangre derramada de su brazo al cruzar por la puerta de la Torre del Ángel, junto a lo que hoy día es la plaza de Beneyto Coll. Curiosa esta última anécdota, poco conocida en la ciudad, que, sea o no cierta, demuestra la querencia de la población hacia un mito minusvalorado en la época contemporánea.

De la primera reina de Valencia, Doña Jimena, quedan pocos restos en la ciudad. Quizás el más destacado sea una firma autógrafa preservada en la Catedral de Valencia reconociendo una donación que ésta realizó. Heredó el mismo poder del que dispuso su marido. Sin embargo, fue abandonada a su suerte por su primo, Alfonso VI, frente a los almorávides. Este nefasto monarca, no sólo para los intereses valencianos, sino también para los suyos propios (sufrió repetidas derrotas frente a los musulmanes en Toledo, Sagrajas y Uclés), no contento con haber llevado a la derrota y muerte al hijo del Cid, también fue incapaz de frenar el avance almorávide en el reino de Jimena. En su lugar, decidió quemar la ciudad de Valencia y abandonarla a su suerte, llevándose con él en su huida a la reina, que fallecería diez años después en Burgos.

La huella del Cid y de la reina Jimena puede hoy constatarse a lo largo de toda la Comunidad Valenciana, desde el norte de Castellón hasta la ciudad de Alicante. Repartió tierras entre pobladores, concedió títulos, consolidó una economía floreciente y se convirtió en el territorio más influyente de la península.

Habrían de pasar más de dos siglos para que el rey Jaime I tomase de nuevo la ciudad de Valencia recorriendo el mismo itinerario del Cid. La diferencia que permitió consolidar esta conquista fue el respaldo que la Orden del Temple y Roma dieron a la rama regia de la Corona de Aragón para consolidar su reino peninsular. Habría que reflexionar, entonces, por qué no se ha destacado con mayor profundidad la idiosincrasia del Reino de Valencia, la singularidad de la Comunidad Valenciana, desde la época del gobierno de Rodrigo o de Jimena y sí desde la posterior de Jaime I.

 

 

Comenta esta noticia
Update CMP