Venezuela/España

Guaidó con parlamentarios españoles esta semana en Caracas.

Guaidó con parlamentarios españoles esta semana en Caracas.

Parlamentarios españoles, entre ellos Belén Hoyo,han comprobado lo que padece la oposición en Venezuela para ejercer su derecho democrático a hacer política frente al régimen de Maduro.

Mientras en el Parlamento caraqueño, la Asamblea democrática emanada de las urnas y de la voluntad popular, energúmenos chavistas abroncaban al popular -senador cunero popular- Javier Maroto al curioso grito de “Cataluña independiente” convenientemente macerado con el poliédrico insulto de “fascistas”, y un valiente y anodadado Guaidó en la soledad de la Mesa, en la pocilga presidencial del usurpador Maduro se calentaba la violencia en América Latina con una boina roja paramilitar a la cabeza.

Apenas unas horas más tarde de que seis mil españoles, que por mucho que les pese lo son (los seis mil aguerridos militantes de ERC que alcanzaron ese ya común noventa por cien de las “consultas a la militancia” con el que la izquierda española alardea de suma democracia), pretendan chantajear a Sánchez con la ruptura de la unidad de España. Aunque, oído el bailarín Iceta, tal vez no sea chantaje sino indisimulado acuerdo.

La valenciana Belén Hoyo acompañaba ayer a esa delegación de parlamentarios españoles invitados por el propio Guaidó (recuérdese la expulsión de González Pons hace apenas nueve meses por pretender encontrarse con Leopoldo López) y ESdiario ha tenido noticia de primera mano del grado de violencia verbal y gestual de los socios bolivarianos de los socios -también bolivarianos- del ansioso español que ocupa hoy en funciones, muy diversas y perversas, el gobierno de España.

Maroto, más valiente que cuando tan torpemente hace tres años la emprendía con Rita Barberá (por lo que confesaré que no goza de mi simpatía), vio y dio fe de las caras de odio que asaeteaban sus palabras de libertad. Experiencia en estas lides no le falta, acostumbrado como debe estar a las miradas filoetarras que adornan los parlamentos autonómicos del País Vasco y Navarra.

Esa mancomunidad de intereses tan ilegítimos como avariciosos, vinculados al autoritarismo comunista y al narcotráfico que lo sustenta, no resulta precisamente un modelo social sino una cruel caricatura de absolutismo carente de un urgente 18 de Brumario

En la Residencia del Embajador español en Caracas, cerca de la Loma de las Acacias y de la Ciudad Universitaria, sometido al cobarde apagón informativo impuesto por el socio socialista español de los maduristas de acá, permanece quien algún día, ojalá cercano, pudiera ser refrendado en improbables y transparentes urnas como Presidente cabal.

Esa sociedad, esa mancomunidad de intereses tan ilegítimos como avariciosos, vinculados al autoritarismo comunista y al narcotráfico que lo sustenta, no resulta precisamente un modelo social sino una cruel caricatura de absolutismo carente de un urgente 18 de Brumario. Esa sociedad, esa mancomunidad de intereses tan descarnados como traidores, no puede instaurarse en Europa accediendo por su puerta mediterránea y a costa de la unidad de los nuestros y de la integridad de la patria.

La respuesta de los totalitarios: “viva Cataluña libre”. Sin comentarios. ¿Sin comentarios? No. Porque hay muchas cosas que se parecen demasiado, que nos suenan demasiado.

¡VERGÚENZA! (sic) intitula la venezolana ccnesnoticias.com el episodio de los diputados de Maduro mandando “al carajo” a Belén Hoyo, cuando recordaba con crudeza la miseria a la que está sometido el pueblo venezolano, la falta de alimentos, de agua potable, de camas hospitalarias, de medicinas, de pañales, de dignidad. La ausencia de libertad. Con mucho valor -y riesgo cierto- espetó a los chavistas “deberían tener vergüenza porque han dejado a la población prácticamente sin nada … han vaciado las despensas y los frigoríficos de las casas y han dividido a las familias …” mientras les hacía responsables de lo que es, en realidad, un crimen de lesa humanidad. Tal vez, el propio del comunismo de última generación. La respuesta de los totalitarios: “viva Cataluña libre”. Sin comentarios.

¿Sin comentarios? No. Porque hay muchas cosas que se parecen demasiado, que nos suenan demasiado. Que evocan conductas y épocas que creíamos pasadas, superadas y hasta olvidadas. Pero “memoria histórica” en ristre, todo (todo) parece indicar que hay quien está dispuesto a revivirlas en esta España que no lo merece. Y que no se merece tampoco a quienes lo pretenden.

Ahora le vemos blanquear la corrupción socialista de los ERE a punto de desaparecer ya del panorama mediático, mientras en ausencia de un asalto celestial se dispone a allanar la Moncloa con salvoconducto de sus benefactores separatistas.

He tenido noticia directa de estos acontecimientos vergonzosos a través de buenos amigos y colegas que resisten en Caracas, o en Maracaibo, atónitos ante la desvergüenza de propios y la impostura de ajenos. Como la tengo a menudo con mis amigos y familiares catalanes resistiendo en Barcelona o en el Ampurdán, españoles de Barcelona y del Ampurdán.

Hemos visto a Iglesias blanquear a Chávez y a Maduro, mientras cobraba -hay quien sostiene que con poca transparencia- por hacerlo. Ahora le vemos blanquear la corrupción socialista de los ERE a punto de desaparecer ya del panorama mediático, mientras en ausencia de un asalto celestial se dispone a allanar la Moncloa con salvoconducto de sus benefactores separatistas.

El PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) definitivamente instalado en la corrupción -también ayer mismo hemos conocido cotas estratosféricas de corrupción de altos cargos bolivarianos- no puede ser el modelo del Pablo Iglesias (histórico), ni el de Felipe González. Y haría bien Alfonso Guerra en pasar de la ironía fina a la práctica, y en llamar mentecato con todas las letras, a su secretario general. El PSOE no debiera caer tan bajo. Aunque me temo que ya cayó.

Esta analogía Venezuela/España debería ser pura ficción. Aunque tal vez, y para nuestra desgracia, no lo sea. 

José María Lozano Velasco es catedrático de la Universidad Politécnica de València

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