26 de marzo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El copresidente

A Sánchez no le importa ya la Constitución ni lo que supuso. E Iglesias quiere ser el presidente bis. Una alianza que quiere llegar a 2020 para, a partir de ahí, eternizarse con sus socios.

 

 

Todos los movimientos de Pablo Iglesias se dirigen ahora a armar un frente que mantenga a Pedro Sánchez en el poder, con él mismo de copresidente: una alianza del PSOE con Podemos que cuente con la complicidad del PNV, los secesionistas catalanes y la ultraizquierda vasca para contrarrestar al “demoniaco” centro derecha, al que “es imprescindible purgar”.

De momento, tal empresa permite a Sánchez gobernar con una soltura mucho mayor que la que presagiaban sus escasos 84 diputados. “Llegaremos al final de la legislatura”, repite Iván Redondo, su jefe de gabinete. Y probablemente no habla a humo de pajas. El plan puede acabar encallando en el encrespado Congreso de los Diputados, pero Sánchez necesita trabajarse la “estabilidad parlamentaria” de aquí a 2020.

Hace tiempo que Sánchez dio por finiquitado el constitucionalismo y lo que representa.

Así que el presidente del Gobierno mira para otro lado, deja hacer a Iglesias y se cuida mucho de no desautorizarle, por más que se haya transformado en el “mediador” con los líderes outsiders del independentismo, Oriol Junqueras y Carles Puigdemont, y con el gobierno vasco. Mediación, claro está, que va más allá de la negociación de los Presupuestos Generales del Estado. Entre otras razones, porque La Moncloa ya tiene engrasadas sus vías de interlocución directas para ese objetivo.

Poco parece importarle al líder del PSOE que un plan como ése pueda arrastrarlo por un camino de ruptura con la Constitución de 1978 que suponga, además de la voladura de los fundamentos de la Transición, una nueva e imprevisible etapa política para España. La estrategia de futuro, a medio plazo, parece confirmarlo.

Contra el Rey

Vean cómo los morados no desaprovechan ninguna ocasión para arremeter contra el Rey Felipe VI. Un gran obstáculo. Poco les importa mezclar, en un totum revolutum, la muerte del periodista crítico Yamal Khashoggi, la venta de armas a Arabia Saudí y las relaciones de la Corona española con sus príncipes. Todo le vale a ese populismo que se zambulle siempre en el “y cuanto peor mejor”. Ciertamente, hace tiempo que Sánchez dio por finiquitado el constitucionalismo y lo que representa.

Así lo ratificaron sus apoyos en la moción de censura. Y quienes viven el PSOE desde dentro advierten de que “el partido está atado a Pedro y nadie alzará la voz con las elecciones encima”. Así pues, y pese a las elevadas dificultades para salirse con la suya, los socialistas viven atrapados en una tela de araña tejida por Sánchez e Iglesias.

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