16 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

PP, Cs y Vox deben firmar acuerdos sin maximalismos de ninguno de ellos

Ni vetos ni desprecios ni maximalismos: los votantes de PP, Cs y Vox no entenderían que no llegaran a acuerdos razonables de gobierno en todas las Comunidades y ayuntamientos posibles.

 

 

El acuerdo entre PP, Cs y Vox ha permitido a esta alianza presidir los parlamentos regionales de Madrid y Murcia, lo que sin duda refleja mejor la opinión de los ciudadanos de ambas regiones expresada en las urnas y debe dar paso, por lógica elemental, a pactos similares para gobernar en ambas comunidades.

Y en otras plazas, municipales o autonómicas, donde esa mayoría social y electoral exista. Porque es obvio que, para la inmensa proporción de votantes de cualquiera de los tres partidos, una coalición o entendimiento entre las tres formaciones plasma mejor sus expectativas políticas que permitir gobiernos de PSOE o Podemos por desencuentros categóricos.

Que el votante de estos partidos no sea monolítico e intercambiable no es suficiente para desechar la evidencia de que, entre las opciones reales existentes y no los ideales incumplidos, antepondrá ver fuera de la Puerta del Sol al tándem Gabilondo-Errejón o a Carmena del Ayuntamiento capitalino a la incomodidad que pueda provocarle una sintonía entre Vox y Cs, por ejemplo.

Sin maximalismos

De ese bien mayor tienen pues que acordarse los dirigentes de cada formación, empatizando de algún modo con sus bases, visualizando la alternativa que su ruptura tendría y renunciando, todos ellos, a maximalismos.

Los votantes de PP, Cs y Vox no entendería, de forma abrumadoramente mayoritaria, que no llegaran a acuerdos allá donde sumen

En ese sentido, Vox tiene todo el derecho a reclamar respeto y a destacar la incompatibilidad entre denigrarle en público y necesitarle para los pactos, pero ha de saber traducir correctamente esa razonable queja en algo que sirva para arrancar el camino: no es tan importante entrar en los gobiernos, algo que pocos partidos hacen en sus estrenos, como que su huella quede clara y su papel quede recubierto del reconocimiento que merece.

Que es también algo que Ciudadanos puede y debe permitirse: se comprende la apuesta por gobiernos bipartitos, sobre todo porque la fórmula a tres ha generado auténticos desastres allá donde se ha aplicado, pero no puede despreciar a un partido con dos millones de votantes y esperar luego que le respalde y se esconda.

Más liderazgo del PP

El PP parece tenerlo más sencillo, en el sentido de que no pone ni defiende vetos a nadie, pero tampoco puede ostentar un liderazgo pasivo a la espera de que, de esa manera, le concedan sin más presidencias y alcaldías impulsadas por la certeza aritmética de que es el primero en este bloque ideológico.

Porque si la fragmentación política ha consagrado la idea de que quien realmente vence unas Elecciones es quien consigue gobernar -un tabú roto por Sánchez hace un año y prolongado luego en Andalucía-, también ha diluido la dinámica de bloques. Dicho de otra forma, si el PP no quiere que Cs pacte con el PSOE, algo que quizá sus votantes no quieran pero tampoco repudian con la intensidad de los del PP o Vox, tiene que hacer algo más que reivindicarse a sí mismo.

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